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Elizabeth «Bebi» Pollarolo: Señora de la Tonada

 

Elizabeth «Bebi» Pollarolo

 

Mendoza, tierra de arenas, desierto hecho oasis por mujeres y hombres que heredaron la paciencia armónica y arquitectónica del Huarpe, para fusionarla al bagaje de ideas traída por la infinidad de razas que llegaron tras las colonizaciones y construyeron la particular idiosincrasia de éste pueblo. El arte, como expresión abierta de su forma de ser, posa en la compleja estructura musical de la Tonada Cuyana, y es tan icónica y representativa, que llegar a Mendoza, pisar sus valles y montañas, su desierto y sus ríos, sus viñas y frutales, degustar sus vinos o probar sus exquisitos manjares, resultan una experiencia incompleta si, además, no escuchas tu nombre en el “cogollo” de una Tonada.

Hoy, nuestra invitada, es la esencia viva de este himno musical. Su trayectoria artística nos traslada a su temprana niñez, cuando empezó a macerarse el distintivo que acompaña su nombre, “La Señora de la Tonada”. Aquí, con nosotros, Elizabeth “Bebi” Pollarolo.

 

-Buenas tardes, gracias por esta grata recepción, y por lo que veo, vamos a tomar mates.

-Buenas tardes –sonríe– bienvenido a mi humilde casa. Claro que si, mates.

-¿Elizabeht, o Bebi?

-Bebi –y su amplia sonrisa se acompaña con un brillo de niña en los ojos- así me decían en casa, de pequeña, y más cuando empecé a cantar.

 

-¿Cuando inició esta historia? Tú historia amalgamada al canto

-Mis comienzos  –mientras prepara el mate en un práctico ritual y piensa– … tenía 5 para 6 años cuando  mis padres, Víctor Hugo, el Chiqui, y mi madre Sofía Elba, la Ñata, me subieron por primera vez a un escenario. Fue en Tunuyán, en una fiesta por el aniversario del Departamento, y para cantar una Tonada que ellos mismos me habían enseñado…-Sin abandonar el ritual y llevando el primer hilo de agua tibia para mojar la yerba, sus ojos se distraen del mundo y, sin más, de su boca fluye el canto como si hubiese seguido hablando:

 

“ Tus ojitos me cautivan, con tu miradita tierna…»

Según me contaron, la gente, mi pueblo, exploto en gritos de algarabía y claro, el grito cuyano, es que yo, de tan chiquita que era, estaba parada sobre una silla. –y continúa mientras revisa unas fotos que ha preparado para la entrevista y

-¡Veo que te preparaste! mientras pruebo el primer mate, segundo de la cebada

-Fotos que guardo con mucho amor, porque es la herencia de mi mami, algo viejitas las fotos, pero sirven. Luego pase a ser protagonista en todas las fiestas y actos del colegio; siempre fui “La Bebi » para todo mundo, apelativo de Bebita.

 

 

-Tienes un caudal de voz y un registro que te distinguen como intérprete. El color, la intensidad y la calidad de tu canto te denuncian como una profesional que no solo canta, sino que transmite lo que canta. En tu niñez y adolescencia el rock nacional y otros géneros más escuchados por tus amigos y compañeros, seguramente, tenían más aceptación. Entonces, ¿por qué folclore? Y además, cuyano.

-Bueno en mi hogar siempre se honraron las tradiciones folclóricas, desde mis abuelos, y especialmente el folclore cuyano. Mi abuelo materno, Don Jacinto Amaya, era arriero de Tunuyán, cruzaba ganado a Chile, y en sus noches cordilleranas cantaba tonadas. Mi abuela Isabel Ortubia, le festejaba los cumpleaños con puras guitarras y tonadas de la época.

Por otra parte, mi abuelo Paterno, con ancestros venidos de Italia, no tenía las costumbres de nuestro folclore, pero Don Armando José Pollarolo puso una guitarra en las manos de mi padre y le dijo: «vos aprenderás la guitarra», y más que propuesta fue una orden –ríe– y mi padre aprendió a tocar la guitarra y a cantar zambas, que le gustaban más.

 

-¿Tu papá tocaba la guitarra, cantaba zambas y de tu abuelo materno heredaste tu afecto por el folclore de cuyo entonces?

-No. Mi madre se encargó de mostrarle la música y las costumbres de cuyo a mi padre, y como a ella,  la amó.

Mi viejo, Víctor Hugo Pollarolo conformó un grupo musical que ganó prestigio en su tiempo, Los Mensajeros de Uco, con Raimundo «Chimica” González y su hermano Roque González.

-Bueno, me nombras a tu papá y un conjunto que difícilmente desconozca alguien que sabe de música folclórica cuyana, y además a Raimundo González, uno de los autores y compositores más respetados y prolíficos del Valle de Uco mendocino.

-Creci en un hogar lleno de amor y de mucha cuyanía, amando y defendiendo nuestra música, algo que conservo y sigo haciendo.

 

-Sin dudas, el folclore cuyano corre por tus venas desde tu concepción. ¿Y con tanta impronta y tanto don que tienes para el canto, cómo fue tu adolescencia?

Bueno mi adolescencia estuvo signada por el canto y los escenarios. A los 14 años me vi actuando en el Festival de la Tonada, el Festival de la Tradición, peñas y todo tipo de eventos que se organizaban para público en general.

Tenía unos 17 años cuando decide amadrinar mi carrera la Sra. Angelita Aguilera, una artista enorme del canto. Ella era la propietaria indiscutible del título “La Señora de la Tonada”, pero algo veía en mí, y en 1984, en un programa de Radio Nacional, decidió pasarme, a modo de posta, su honorable título.

 

 

 

-Perdón Bebi, hago un alto. Me nombras, nada menos, que a Angelita Aguilera y en ese mismo contexto tus 17 años, una niña. Año 1984 y un programa en Radio Nacional; tiempos en que resultaba sumamente difícil calificar para cantar en radio, ¿cómo viviste tanta vertiginosidad, tanta exposición y tanta atención hacia ti y lo que ya hacías?

-Verdad, muy pequeña para recibir tremendo honor. Me sentí muy halagada y claro, no me pareció que debía presentarme con ese título. Por mucho tiempo seguí mi carrera que avanzaba a pasos enormes, considerando la época y el ámbito provincial, sin usar ese distintivo; además mi madrina seguía cantando. Continué mi carrera presentándome con mi nombre, Elizabeth Pollarolo, y así llegue a mi primer trabajo de Estudio. “Paisaje de mi río”, grabación que se editó en cassette –sonríe–  y tuvo una gran aceptación y repercusión en todo Cuyo.

Los mates siguen pasando y la mirada de “la Bebi” sigue evidenciando los recuerdos que dan pie a su relato, y como buscando en la memoria algo que ha escondido, o lo tiene, pero se resiste a enunciar, continúa:

Unos años después Angelita Aguilera viaja a Buenos Aires; estaba muy enferma y deteriorada. Llamó por teléfono un día y pidió hablar conmigo. Fue sentenciosa al decirme “es hora de hacer uso del título”

Se detiene un instante, piensa, y continúa:

Un tiempo después, ya grabado mi segundo trabajo “Lo más sublime», acepté mi designio y me convertí en la Señora de la Tonada.

 

-Lo tomaste con una responsabilidad enorme. Desbordas de cualidades para ello, sin embargo, ¿sientes que en algún momento cederás el título a alguien? ¿Qué tiene que tener una intérprete, una cantante o, una cantora, para ser la Señora de la Tonada?

Piensa detenidamente mientras sus manos celebran el rito de mover la yerba del mate con la bombilla, entonces, con voz pausada continúa:

Y, por el momento pienso, ¿qué mujer puede llevar ese nombre? Debe reunir algunas condiciones especiales; condiciones que Angelita vio en mí, pero no podría describirme para ello. Solo sé que la música, las costumbres de mi tierra y todo lo que hago vive en mí, es parte de mí. Yo no actúo, soy yo en toda mi esencia. Hace tiempo que la busco, tal vez deba ser alguien parecida a mí, no lo sé.

Entonces el rostro adusto y pensativo desaparece para dar lugar a los rasgos de la mujer decidida y creativa que todos conocen, clava sus profundos y brillantes ojos y remata:

Creo que cuando llegue, lo sabré.

 

-Tu carrera inició cuando los costos de grabación eran enormes, los Estudios escasos y los productores, bueno, más escasos aún. ¿Cuántas grabaciones hay en tu carrera y en cuantas grabaciones más, conjuntas, has participado?

-Bueno, mis trabajos de Estudio son dos, “Paisaje de mi Río, producido por mi papá y grabado en Zanezzi, y el segundo “Lo más sublime” en 1995 producido por Rubén Chávez.  Una cueca, de mi primer material, fue utilizada en una producción de Víctor Pizarro para el Gobierno de Mendoza. La obra tenía por objeto el concientizar sobre la importancia del cuidado del agua y el riego. La “Cueca Pa´l Tomero”. También utilizó un vals de ese trabajo.

 

-También te convocaron para un video institucional de Tunuyán, apareces en muchos videos en plataformas virtuales y gozas de una enorme difusión en redes sociales.  Pero dejemos el presente por un momento y volvamos a esos años de grabaciones e inicios de tu carrera. Eran años especiales, el retorno de la democracia, el nacimiento de grandes Festivales en la provincia y el resurgimiento de la actividad artística que podía ser consumida en grandes masas. ¿Tu condición de mujer, y adolescente, te signó un doble desafío para llegar a los grandes escenarios de la época?

– Ser  mujer es una bendición para mí. Pude construirme mujer, madre y cantante; es algo maravilloso. Siempre estuve acompañada por el amor incomparable de mis Padres, que fueron mis gestores en la vida y en la música, algo que agradeceré siempre. Con el tiempo llegó el apoyo incondicional de mis hijas; con tanto amor y el de quien me acompaña desde hace años, Ramón Báez, no recuerdo haber tenido dificultades. No sé, tal vez las olvidé. –sonríe

 

-Es bonito, sin embargo, voy a insistir

Ríe primero y luego dispara:

No siento que fuera difícil incluirme en el ambiente musical. Como dije, primero fue llamativo ver a una nena chiquita que cantaba. Como niña, acompañada por mi papá, me sentía protegida y cantaba, claro, donde él me llevaba; me sentía contenida, lo disfrutaba. Luego, en un plano más comprometido, tuve la compañía de artistas que ya recorrían este camino y gozaban de prestigio y reconocimiento;  El dúo Oyarzabal- Navarro, por ejemplo, su apoyo fue determinante en los inicios de mi carrera y se extendió los primeros años. Nació una noble y firme amistad que aún sigue creciendo. Creo que esos años me afirmaron en el ambiente y la aceptación del público hizo el resto.

 

-¿Cuando llegaron los primeros contratos?

-Bueno, los primeros contratos los firmó mi papá, yo era menor, unos 16 años creo. Fueron varios y sucesivos: el Festival de la Tonada en Tunuyan, la Fiesta de la Tradición en San Carlos, Rivadavia le Canta al País y otros espectáculos que rápidamente se tornaron multitudinarios por entonces.  Casi en la misma época llego a mi vida la televisión; ATC filmó en Tunuyán un programa especial que llamó “El espejo refleja al país”. No se hicieron esperar los canales mendocinos, Siete y Nueve, el canal 8 de San Juan y más radios y más Festivales y más peñas. En fin, mi vida se orientó decididamente al arte en forma de canto y al espectáculo.

 

 

-Se que estás con nuevos proyectos y me voy a permitir una segunda parte para que hablemos del futuro. Ahora te dejo esta pregunta que no tenía programada pero invariablemente me la dictas con lo que cuentas y el cómo lo cuentas. ¿Cómo se hace para forjar una vida asociada al arte, al espectáculo y a la fama al mismo tiempo de construir una familia, sentar bases de una pareja que te acompaña desde hace años, trabajar en otros ámbitos, algo de lo que no hemos hablado, y seguir…? ¿Cómo se hace para ser la “Bebi” y la “Señora de la Tonada”?

-Piensa un momento y:

Difícil pregunta la tuya, pero ahí va la respuesta. La pasión por la música hace que enlaces el amor a la medida de tus sueños. De pequeña quería ser grande para subir a los grandes escenarios, quería ser reconocida, que la gente aplaudiera mi canto; quería llegar al corazón de la gente. Otra parte de mi quería ser mama, y de mujeres, y lo logre. Tengo dos hermosas hijas que a su modo siguen algunos de mis pasos, una de ellas encontró su camino de expresión a través de la danza, y lo complementa con su vida profesional y familiar, y la más pequeña, después de terminar sus estudios secundarios, inició estudios de Sonido y Grabación, y se volcó decididamente al canto, no folclórico, porque sigue su pasión de otra forma. Ambas comparten y viven cosas parecidas a las que viví de pequeña en mi casa. Como dije antes, yo no actúo, simplemente soy yo en toda mi esencia, ya sea que me llamen “Bebi” y haga los quehaceres de la casa, cuide a mis hijas, trabaje o me encuentre en familia y amigos, o “La Señora de la Tonada” para aquellos que me conocen de los escenarios. Simplemente, soy yo. Y permíteme terminar esta partecita con una frase que siempre destaco:

“el arte de cantar verdaderamente es un arte, y el cantor nace, no se hace…”  

 

-La tarde nos ganó y el último chillido en la bombilla del mate anunció la antesala de la despedida. Mientras volvía pensé; hoy conocí en toda su esencia a una artista que siempre he admirado y ahora entiendo el por qué. No es solo la calidad enorme de su canto o su talento; es ella misma, siempre, simple, sencilla, vehemente y apasionada. Un distintivo… su humildad. Elizabeth Pollarolo, “La Bebi”, así con artículo por delante como usamos en los pueblos, es una de las mujeres que marcó el rumbo de su género en los grandes escenarios que volvieron a reunir a miles de personas cuando la democracia se hacía vida en Argentina. Era solo una niña y cargó con la enorme responsabilidad de hacerlo por sí y por quienes la sucedieron, y hoy encuentran un espacio sobre el camino andado. Hoy conocí a la guerrera silenciosa que grita su orgullo de mujer, amante de su tierra y sus tradiciones, con el incalculable caudal de voz acompañado por una guitarra.

Entrevista realizada por Hugo Eduardo Ávila 

Músico, autor y compositor de Mendoza, Argentina

hugoavila01@gmail.com

 

BEBI POLLAROLO: TONADAS

 

 

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