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Zamba La López Pereyra – Hugo Eduardo Ávila

Hugo Eduardo Avila – Músico, autor y compositor

Mendoza – Argentina

hugoavila1@gmail.com

 

De los géneros folclóricos argentinos, la zamba es, sin dudas, uno de los más difundidos y también de los más versátiles; y si de zambas se habla, una de las obras más emblemáticas es también la que más mitos e historias ha generado.

Ambientada a finales del 1800 y principios del 1900, se discute aún quien es el autor del poema, aunque la música, sin dudas, y tras un largo juicio que sus descendientes entablaron a Andrés Chazarreta, se atribuyó al compositor salteño Artidorio Cresseri.

La López Pereyra, tal reza en su inscripción definitiva en SADAIC desde 1978, había sido inscripta en 1920 por Chazarreta, quien la difundió haciéndola conocida. Era algo común en la época, y no se ha perdido mucho de esa costumbre en el tiempo, pero además el ritmo original no era de zamba, sino de “Chilena”, algo más alegre y familiarmente cercano a la “Marinera Peruana” y a la “Cueca Chilena”; es también conocido el género como “Chilena Oxaqueña”, en la versión que atribuye al nacimiento del ritmo en el Sur de México, y como fruto de la fusión de la Cueca Chilena -llevada por los marineros chilenos- y los aportes rítmicos de los músicos costeros de las localidades de Oxaca y Guerrero en ese país.

Si bien no hay registros oficiales que avalen la historia, el curioso nombre dado a un poema claramente romántico y doliente, fue impuesto por Cresseri en honor al Juez Carlos López Pereyra. Algunos dicen que fue en ocasión del cumpleaños del Juez, que afecto a las tertulias de la época, le pidió su pieza favorita a su amigo y músico Cresseri que tocaba esa noche: “la Chilena Llorar Llorar” pudo pedir, tal vez, porque es uno de los nombres que se le atribuyen a la pieza. Dicen que en su honor, y porque siempre la pedía, esa misma noche la bautizó “Chilena para López Pereyra”, aunque claro, nunca la inscribió.

La otra versión, más compleja, cita que Cresseri cometió un delito de sangre para salvar su honor, algo que también era común por entonces, y que estando en la cárcel recibió una reducción de condena por parte del Juez Pereyra. En agradecimiento le dedicó la pieza musical que, por las características del poema, bien pudo ser inspirado en ese ambiente.

Ordenando archivos encontré una versión que rápidamente surgió en una tertulia, más cercana en el tiempo, y que tuvo la gracia de contar con el Maestro Carlos Alcaráz, tal vez uno de los más talentosos técnicos de sonido y grabación que ha dado Mendoza y el país. Con poquito y nada dejó el registro que, para los del “palo”, saben que difícilmente se repite. Con permiso a Don Cresseri, no la quise arruinar, fue lo que salió…

Hugo Eduardo Ávila
Mayo, 2020

 

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