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Nunca nadie lo llamó Valentín…

 

Hugo Eduardo Avila – Músico, autor y compositor

Mendoza – Argentina

hugoavila1@gmail.com 

 

Nunca nadie lo llamó Valentín…

Uno de los personajes más controversiales de nuestra historia, amado y odiado, y muchas veces injustamente denigrado. En resumen, un protagonista en su tiempo que se negó a ser un mero espectador y puso cuanto tuvo a su alcance por impactar en el futuro de la patria que lo acunó y que tanto amo.

Una característica cultural de nuestro pueblo es que por algún motivo valoramos más la muerte que el inicio de la vida, tal vez por alguna capacidad de calificación que nos atribuimos; es la oportunidad de reunirnos para resumir si quien parte fue bueno, cuánto y que añoraremos de él. Como es difícil aplicar este criterio en su figura histórica resulta potable recordar que un día como hoy, pero de 1811, mientras los territorios atados al ex virreinato del Río de Plata y la Capitanía de Chile intentaban unificar y construir una nueva nación, en el pequeño y modesto pueblo de Carrascal, provincia de San Juan, nacía una de las mentes más notables que ha dado esta tierra. En su partida de nacimiento reza por nombre “Faustino Valentín Quiroga Sarmiento” en clara obediencia al Santoral de su día y del anterior; tiempo después se le acuño el nombre que trascendió los tiempos, “Domingo”.

En su retina y en su piel quedó grabado el desierto, la sed y la voluntad. En territorios agrestes y desprovistos de flora y fauna que faciliten en alimento, los habitantes generan conductas de voluntad, disciplina y trabajo coordinado, dejando un registro de ADN en el comportamiento que se expresará a lo largo de toda la vida. También la determinación.

Mucho se ha escrito y enseñado sobre su aversión al estudio y la increíble capacidad de aprendizaje, tal es el caso que al negársele una beca de estudios en el Colegio de Ciencias Morales de Buenos Aires y carecer de dinero o influencias para conseguirlo por otros medios, decidió seguir su formación como autodidacta.

Son ciertas algunas anécdotas que lo relacionan con actos vandálicos en su adolescencia, como su predisposición a cuestionar y sus ansias de revolución; sin embargo, sus herramientas conductuales no solo se manifestarían de ese modo o en las armas y el ejército después, sino en un terreno que trasgrede los tiempos y se adelanta a ellos asegurando que sus sueños se hicieran palpables mucho después que él abandonara su existencia física; su intelecto, su visión de futuro y la enorme capacidad como estratega político. Espada, pluma y palabra.

Expresó sus ideas y las escribió, permitiendo que muchos pudiesen interpretarlas a voluntad al traspolarlas y quitarlas de contexto. Autor de la Política de Estado que se resume en una palabra: “Escuelas”, basando la educación pública en un sistema de enseñanza unificador y sobre materias fundamentales en una población de múltiples lenguas y culturas. Matemáticas, Lengua, Historia y Geografía; esenciales para alcanzar el grado de comunicación que permitiera el entendimiento de la revolucionada Patria que le toco vivir, pero fundamentalmente, indispensables para forjar un futuro mejor.

No solo construyó la mayor cantidad de escuelas en un solo período de gobierno en nuestra historia, también unificó a través de una prenda, el guardapolvo, a pobres y ricos en la visual imagen del aprendiz. Adelantado en concepto de género, vaticinó que en cien años las mujeres superarían en número a los varones en las salas de las universidades. Sembró mucho para que eso ocurriera.

De las múltiples obras de conexión y apertura comercial, como mendocino, me quedo con la enorme obra del Tren trasandino, que unió desde entonces los dos océanos por el estrecho terrestre que aún hoy constituye el principal corredor bioceánico comercial de esta parte del planeta.

Controversial, sin duda, amado y odiado, seguramente, así ocurre con quienes deciden actuar en lugar de solo vociferar. Una notoria incapacidad debe atribuírsele; no supo forjarse propiedades ni bienestar económico para su vejez, al punto que tras dejar la presidencia de la nación no tenía residencia propia donde vivir; algo común en los ilustres padres de nuestra patria y que por mucho, jamás volvería a ocurrir desde principios del 1900 hasta nuestros tiempos.

Sumamente afectado de salud, partió hacia Asunción del Paraguay con su hija Faustina y sus nietos. Allí, un 11 de setiembre de 1888, a los 77 años de edad, sus ojos cerraron para siempre. Al ser repatriados sus restos y sepultados en el Cementerio de la Recoleta, Carlos Pellegrini sintetizó: “Fue el cerebro más poderoso que haya producido la América”

Si, por algún motivo conmemoramos con énfasis las fechas de fallecimiento por sobre aquellas en que vimos la luz de este mundo. Un día como hoy, en 1811, nació Domingo Faustino Valentín Quiroga Sarmiento Albarracín, el gran Maestro Argentino que acuño una frase que resume nuestra historia y que hoy, en los modernos y convulsionados tiempos ideológicos que vivimos, no podemos olvidar si queremos defender la cultura que nos identifica como argentinos: “Hombre, Pueblo, Nación y Estado… Todo está en los bancos de la escuela…”

Hugo Eduardo Ávila
15Feb2020

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