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La cuna de la Libertad

Hugo Eduardo Avila – Músico, autor y compositor

Mendoza – Argentina

hugoavila1@gmail.com

 

No era el estrés o los nervios que generalmente se manifiestan antes de un examen final. No había más que hacer; además, el azar o el destino habían querido que ese 9 de julio coronara el esfuerzo intelectual y económico de tres años de formación y capacitación en un campo poco apreciado a veces, pero que enarbola el intelecto y la estrategia como poderosas armas de planificación que son aplicables a toda organización y a la vida misma.

A las seis de la mañana la luna acompañaba las luces de la ciudad que había calmado su movimiento durante la noche, pero, como gran capital que es, se mostraba con un creciente movimiento de prestadores de servicio y abastecedores. Remera, pantalón corto, un par de zapatillas, una botella con agua y el saludo al conserje de hotel antes de iniciar la caminata, completaron el ritual que inmediatamente mutó a pasos constantes y creciente ritmo, dejando que el corazón administrara el torrente sanguíneo a cada músculo comprometido en la tarea.

Solo las ansias por cumplir el tiempo planificado intentaban distraer los sentidos en una ciudad que atrapa en cada espacio donde se descubren nuevos detalles obviados el día anterior. Pero esas ansias son justificadas, en 2000 Virginia Avenue Northwest y Avenue 20 se encuentra el único compatriota en esas tierras lejanas, reconocido Estratega, Militar, Político, avezado ajedrecista y destacado guitarrista, “el Aníbal moderno” para muchos en su tiempo, y sin dudas, el indicado para saludar antes de someter el aprendizaje al proceso de evaluación en disciplinas que se estudian sobre su vida y su arte.

El camino trazado, de veinticinco cuadras, permitía la variante de atravesar el parquizado donde se erige el obelisco en memoria de George Washington y del cual nace Virginia Avenue Northwest, por ende, ese fue el plan. Desde la cima del pequeño monte donde se emplaza el memorial, el camino en descenso hacia la transitada diagonal permitían el cambio de aire antes de recorrer las últimas cinco cuadras hasta mi destino en esa arteria urbana que algunos llaman la “Avenida de los Libertadores”.

La estatua de José Artigas primero, parado y con su sombrero en la mano, y Simón Bolivar después, a caballo y sin cubrecabezas, van marcando la antesala del gran memorial donde cada 25 de Febrero, en honor a su natalicio, se realiza un acto militar que casi siempre ocurre bajo la nieve y las crudas temperaturas invernales del mundo septentrional. El blanco piso se funde con el fornido soporte que pone en altura su gallarda figura y el adusto rostro que se torna inconfundible con su nariz aguileña. De impecable uniforme, atributos de jerarquía militar, cubrecabezas, sable corvo y montando su caballo, que alza las patas en constante inicio de fervorosa carrera hacia el combate que espera detrás de Los Andes, se encuentra inmortalizado, en Washington DC, el gran General.

El febo se manifiesta con todo su esplendor y los rayos acarician la figura del destacado jinete. “Libertador General José de San Martín” se lee bajo su figura, y en un muro posterior que cierra el parque emplazado en su honor, la leyenda que para el pueblo americano lo define: “Founder of the argentine independence, he led the liberating army across the andes and gave freedom to chile and peru, his name like washington represents the american ideal of democracy, justice and liberty”

Unos minutos en silencio y contemplación bastan para sentirse en Argentina y en Mendoza, la tierra que tanto amo, la única en la cual expresó sus artes de gobernante y político, la cuna de la campaña que se estudia en casi todas las academias militares del planeta. El esfuerzo lo vale y el camino de retorno es ágil; el aula espera.

Lo crucial transcurrió y antes del saludo final, el Mayor a cargo del examen destinó algunas palabras al auditorio. Era 9 de Julio, día de la Independencia Argentina, y entre los asistentes se encontraba un argentino, y de Mendoza. San Martín y su gesta se fusionaron en significativas palabras que se resumen en la traducción de la leyenda en el muro de su memorial: “…Fundador de la independencia argentina, dirigió el ejército liberador a través de los andes y dio libertad a Chile y Perú; su nombre, como Washington, representa el ideal americano de democracia, justicia y libertad…”

Allí, sentado, a más de 8 mil kilómetros de distancia, con la piel erizada, los ojos humedecidos y la emoción expresada en crecientes latidos, una bandera argentina era izada junto a la enseña de la nación en la cual me encontraba. Toda la historia parecía transitar por cada célula y las nieves eternas de las cumbres más altas de América, parecían poner hielo en mi columna en esa calurosa y húmeda jornada de julio.

Este 25 de febrero, como lo dicta el riguroso cronograma de reconocimientos y conmemoraciones, el Ejército de Estados Unidos de América rindió homenaje al padre de nuestra Patria Argentina, el General Don José de San Martín, el único héroe extranjero a quien le han permitido ser expuesto sobre su caballo y vistiendo todos los atributos propios del mando militar; este 25 de febrero se hizo eco en el recuerdo el cierre del discurso que hace unos años llegó al oído de cada asistente en ese auditorio: “Finally I want to greet his countryman, so that he can bring the greeting of the American people to his land, because he is also from Mendoza, the cradle of Freedom”

“…Finalmente quiero saludar a su compatriota, para que lleve el saludo del pueblo americano a su tierra, porque además es de Mendoza, la cuna de la Libertad…”

Hugo Eduardo Ávila
Febrero 2020

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