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Tierras del Cid – Camino a Burgos

Catedral de Burgos

 

Gerardo Molina. Profesor – Poeta y Escritor . Uruguay   

gerardomolinacastrillo@gmail.com

Textos y fotos del autor

 

Desde la estación de ómnibus de Logroño (Capital de la Comunidad Autónoma de La Rioja y de la ex provincia del mismo nombre, integrada históricamente a Castilla La Vieja) salimos una apacible mañana invernal camino a Burgos. Modernidad e historia, el Ebro que se desliza entre puentes milenarios, construcciones inmunes al tiempo, mudos testimonios de las dominaciones romana y árabe, los contrastes entre montaña y llanura, entre regiones secas y húmedas, se suceden sin pausa ante los ojos del viajero. En Nájera, punto de partida de la célebre Ruta de los Monasterios, se destaca el conjunto histórico artístico de Santa María La Real fundado por el Rey Don García en el año 1052 y en Santo Domingo de la Calzada, la Catedral románica con su torre separada del edificio central. A lo lejos, innúmeros pueblecitos medievales. El camino serpea por valles entre sierras, prolijamente cultivados y verdeantes a pesar del invierno. Cada pueblecito, villa o ciudad defiende y ostenta con orgullo su casco histórico. Promediando el trayecto, nos sorprende algún indicador “Coto privado de caza” y más adelante un enorme cartel con la leyenda “Burgos –Cabeza de Castilla- Tierras del Cid”. El primer pueblo castellano burgalés que atravesamos es Redecilla del Camino, de trazado urbano jacobeo, y al salir de su Calle Real, vemos grandes extensiones preparadas para la siembra y subiendo entre montes, en parte nevados, la tierra roja y pedregosa. Otras villas y pueblos: Castildelgado; Villamayor del Río; Belorado (de origen romano, en el siglo IX parte de la línea fortificada del condado de Castilla); Tosantos; Espinosa del Camino; Villafranca Montes de Oca (al pie de los montes de este mismo nombre que fueran refugio en el medioevo de bandidos y salteadores); Zalduendo; a lo lejos, Castrillo de Val; y, al fin, la ciudad más importante del Camino a Santiago, Burgos, abierta, generosamente, como ayer, a los peregrinos con su perfume de siglos y su misterio atrapante, pleno de fantasmas benévolos, de hechizados rincones, de hitos memoriosos. Fundada en el año 884, bajo el reinado de Alfonso III, por el conde Diego Rodríguez Porcelos, fue capital del reino de Castilla en el siglo X. Su privilegiada situación geográfica la transforman prestamente en uno de los centros comerciales y artísticos de la España medieval, destacándose el tráfico de la lana que desde allí partía a los puertos del Cantábrico con destino a Flandes. Y es a finales del siglo XV y comienzos del XVI, durante el reinado de los Reyes Católicos, cuando alcanza su máximo esplendor y prosperidad. El paisaje milenario es dominado por la Catedral, de torres y chapiteles que invaden el azul, ávidos de infinito, y en su entorno las iglesias góticas de San Esteban, San Gil, San Nicolás y Santa Agueda, célebre conjunto histórico religioso que coronan a lo lejos el Real Monasterio de las Huelgas y la Cartuja de Miraflores. Rincones y plazas, puentes y callejas, de inmarchitable encanto, llaman al viajero en la ciudad que lo recibe como a un hermano más, con sencillez y bonhomía, con su gigante y nuevo corazón de siglos, y cuya modernidad y vértigo cotidiano es respetuoso, sin embargo, de su historia.

Cruzamos el Arlanzón –a cuyo cauce bajaríamos luego- por el puente de Santa María y penetramos en la ciudad antigua por la Puerta o Arco del mismo nombre. Se diría que ya sentimos la invisible y protectora presencia del Cid. La Puerta medieval de Santa María –reconstruida en el siglo XVI por Juan de Vallejo y Francisco de Colonia- es a modo de un arco triunfal donde destaca la estatua de Carlos V. En su interior –hoy Centro Cultural Histórico y Artístico- se encuentra la Sala de Poridad o del Secreto, lugar de reunión del Concejo de Burgos hasta el siglo XVIII. Entre otros recuerdos, observamos allí: la Vara de Castilla (padrón y vara para confrontar medidas del comercio en ferias y mercados); Hueso del Cid (radio del brazo izquierdo con el documento que garantiza su autenticidad); el Sillón de los Jueces de Castilla y Llave del Castillo de Burgos que se supone se entregaba simbólicamente a los reyes a su entrada en la ciudad y en la fortaleza.

 

El paseo junto al Arlanzón por una avenida entre árboles añosos, cuyas ramas –como brazos- se unen por su cima, tal un símbolo del fraterno espíritu de la ciudad, previo a nuestra visita a la Catedral, fue alucinante. Junto al río, un joven que soñaba con un mejor destino, alimentaba a los patos, gansos y palomas; y a nuestro paso las últimas hojas de un otoño pertinaz desprendidas al azar como páginas de un memorial inolvidable y peregrino.

 

La Catedral de Burgos

 

La Catedral de Burgos, monumento emblemático de la ciudad, cuya primera piedra fue colocada en el 1221 por el Rey San Fernando, fue declarada recientemente Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Joya impar del arte gótico español, su fachada principal consta de tres hastiales en los que se abren tres puertas y a ambos lados se levantan las esbeltas torres que coronan finas agujas o chapiteles, obra de Juan de Colonia. Construida según ejemplos franceses presenta una planta de cruz latina, con tres naves, girola y nave transversal. Faltan palabras para expresar el asombro ante la grandeza y magnificencia de sus tesoros artísticos: la Capilla de los Condestables con sus retablos y sepulcro de los fundadores; la Capilla del Santo Cristo de Burgos, la Escalera Dorada que realizara Diego de Siloé, el Claustro del siglo XIII, la Sala Capitular, el Coro… Otros: la Carta de Arras que el Cid otorga a su esposa doña Jimena, año 1074; el Cofre (arca) del Cid; el Cristo atado a la columna de Diego de Siloé, talla del siglo XVI; Cantorales (Palimpsesto), libros de gigantescos pergaminos. Luego, fuimos estremecidos por un sentimiento de honda emoción, admiración y recogimiento, bajo la maravilla del crucero central, ante las sencillas tumbas de Rodrigo y de Jimena. Allí leímos el epitafio en latín que redactara D. Ramón Menéndez Pidal:

 

RodericusDidaciCampidoctor          Rodrigo Díaz, Campeador

MXCIX annoValentiaemortvus       Muerto en Valencia el año 1099

A todos alcançaondra   A todos alcanza honra

Por el que en buen ora nacio  Por el que en buena hora nació

 

Eximinauxoreius Jimena, su esposa

DidacisComitisDuetenseis filia        Hija de Diego, Conde de Oviedo

Regali genere nata         Nacida de estirpe real)

 

Poema del Mío Cid

Este cantar de gesta, obra de anónimos juglares, se considera compuesto hacia 1140 y es el primer “monumento literario” de la lengua castellana. Llega a nosotros a través de un manuscrito, copia de Per Abbat en 1307, pequeño tomo de 74 hojas en pergamino grueso y basto del que faltan las páginas iniciales y algunas del interior. De versificación irregular, predomina el alejandrino de rima asonantada. Consta, como es sabido de tres célebres cantares: del Destierro, de las Bodas (éstos se atribuyen al juglar de San Esteban de Gormaz) y la Afrenta de Corpes (probablemente escrita por un juglar de Medinacelli). La figura de Rodrigo Díaz de Vivar, también cantada en el Viejo Romancero Español, héroe humano, cuya dureza y fuerza bélica no obsta a la ternura y nobleza de los sentimientos, adquiere con el tiempo visos de leyenda. En su “Semblanza” leemos:

“El Cid nació hacia el año 1043 en Vivar, señorío de su padre Diego Laínez, descendiente directo de Laín Calvo.

En 1058 pasa a educarse en Palacio con los hijos del rey Fernando I, a cuya muerte se produce la partición de sus reinos, entrando Rodrigo al servicio de Sancho, quien le nombra Alférez. Vencedor en Pazuengos obtiene Rodrigo el título de Campeador y en lucha con el moro Haris, el de Cid o mi Señor.

Tras no pocos avatares históricos, es muerto a traición en Zamora Sancho II en 1072, exigiendo el Cid al nuevo Rey –Alfonso VI- juramento en Santa Gadea de que no había tomado parte en la muerte de su hermano.

En 1074 contrae matrimonio con Jimena, hija del Conde de Asturias Diego Rodríguez y de Cristina, nieta que era de Alfonso V de León.

En 1081 es desterrado el Cid por Alfonso VI, dejando a su esposa e hijos en el Monasterio de San Pedro de Cardeña.

A partir de entonces participa el Cid en numerosas batallas que le acercan a Levante, no guerreando nunca contra el Rey al que sigue considerando su señor, manteniéndose fiel al mismo en la adversidad.

El 15 de junio de 1094 entra en Valencia donde gobierna con humanidad y justicia durante cinco años. Muere en esta ciudad en Pascua de Pentecostés el 10 de junio de 1099.

Enterrado en San Pedro de Cardeña, sus restos sufrieron doce traslados hasta encontrar reposo definitivo con los de su esposa Jimena en la Catedral de Burgos en 1921, Ayuntamiento de Burgos”.

El poeta Manuel Machado recrea, en una página memorable que reproducimos la escena que se describe en la Serie 4 del Poema (versión original, edición del Diario de Burgos, 1991):

 

Castilla

El ciego sol se estrella

en las duras aristas de las armas,

llaga de luz los petos y espaldares

y flamea en las puntas de las lanzas.

El ciego sol, la sed y la fatiga.

Por la terrible estepa castellana,

al destierro, con doce de los suyos

polvo, sudor y hierro-, el Cid cabalga.

Cerrado está el mesón a piedra y lodo…

Nadie responde. Al pomo de la espada

y al cuento de las picas el postigo

va a ceder… ¡Quema el sol, el aire abrasa!

A los terribles golpes,

de eco ronco, una voz pura, de plata

y de cristal responde… Hay una niña

muy débil y muy blanca

en el umbral. Es toda

ojos azules, y en los ojos lágrimas.

Oro pálido nimba

su carita curiosa y asustada.

Buen Cid, pasad…. El rey nos dará muerte,

arruinará la casa,

y sembrará de sal el pobre campo

que mi padre trabaja…

Idos. El cielo os colme de venturas…

¡En nuestro mal, oh Cid, no ganáis nada!

Calla la niña y llora sin gemido…

Un sollozo infantil cruza la escuadra

de feroces guerreros

y una voz inflexible grita: “¡En marcha!”

El ciego sol, la sed y la fatiga.

Por la terrible estepa castellana,

Al destierro con doce de los suyos

Polvo, sudor y hierro, el Cid cabalga.

 

Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador

 

 

Hueso del Cid, radio del brazo izquierdo.

Llave del Castillo de Burgos.

 

Gerardo Molina a orillas del Río Arlanzón en Burgos, Tierras del Cid.

 

Fragmento original del Poemadel Cid

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