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La Chacarera y Su Profecía

Hugo Eduardo AvilaMúsico, autor y compositor

Mendoza – Argentina- hugoavila1@gmail.com

 

La región santiagueña fue el punto central de la conquista armada y religiosa de la colonia en los siglos XVI y XVII. Varios grupos aborígenes habitaban el actual territorio santiagueño cuando los conquistadores españoles llegaron, y si bien dejaron su impronta como en casi todo el continente, sus actuales habitantes han conservado parte del lenguaje quichua que era propio de algunas de las comunidades que habitaron la zona.

La provincia bilingüe de Santiago del Estero fue también el primer puerto seco de la historia, eje de control del contrabando que, a través del puerto de Buenos Aires, los británicos ingresaban al Virreinato el Alto Perú. Con esta antesala se puede contextualizar el por qué en esta región se encontraron instrumentos musicales tan disimiles, para la época, como la guitarra, el violín y el bombo nativo, que con algunas modificaciones posteriores-como el agregado de aros- llego a ser conocido como bombo leguero, o de media legua o…. bueno, según el alcance de su retumbante sonido.

De origen incierto, o mejor dicho, no registrado -como casi toda la música y la danza latinoamericana- la chacarera es, probablemente, uno de los ritmos más antiguos de la región y muchos estudiosos atribuyen su cuna a la zona que originalmente se llamó “El Barco” y desde 1553 “Santiago del Estero del Nuevo Maestrazgo”. Por tratarse del primer asentamiento exitoso de los colonizadores y constituirse en la primera fundación permanente, no resulta extraño aceptar esta condición. Algunos más avezados indican, incluso, que la chacarera nació en la región de Salavina.

Se le atribuyen rasgos salamanqueros a la picardía manifiesta en su danza, que enamora al ritmo que se funde en los golpes del bombo en la oscuridad de la noche, y que da vida al juego de sombras de los danzantes junto a las fogatas; Telesfora Castillo, la Telesita, es fiel testimonio de esta creencia popular hecha leyenda.

Los primeros antecedentes escritos de esta danza datan de 1850, en casas y salones de San Miguel de Tucumán, sin embargo su gran transmisor fue Don Andrés Chazarreta, considerado el primer difusor del folclore fuera de los Circos Criollos de la época. Ya desde 1906, con su conjunto Arte Nativo, transito escenarios de todas las provincias y en especial de Buenos Aires. Para 1911 las crónicas hablaban de un ritmo peculiar que se acompañaba de un curioso instrumento de percusión llamado bombo.

De estructura simple o doble, la chacarera es uno de los ritmos más popularizados en las regiones argentinas, por ello puede variar según el origen de los músicos que la interpretan en cada región. En compás de 3/4 o de 6/8, según el estudioso que la describa, lo cierto es que su poesía, al ser cantada, es acompañada por el zapateo y el zarandeo de los bailarines, mientras que los interludios musicales, generalmente similares a la introducción, permiten el desplazamiento de la pareja en los círculos que propone la convencional coreografía.

Dicen que la chacarera doble tiene el deber de denunciar los males de amores, y como hace un tiempo les dejé la poesía de una chacarera simple, en esta ocasión va otro poema, musicalizado en tiempo de chacarera doble… cuyana… podría escribir, para respetar el cadencioso ritmo que le brindan los santiagueños y que es tan difícil de igualar.

PROFECIA
(Chacarera doble)

Ojitos color de miel,
sonrisa encendida,
el sabor que hallé en tu piel
mis labios habita,
y en mis sueños vuelve el ayer
sin flores marchitas.

Con una canción de amor
navegué tu pelo,
en versos te di mi fe,
en mi canto los besos,
mi guitarra atrapó tu voz,
yo bebí tu aliento.

Tu caricia encendió el amor,
tus curvas el deseo,
tu luna le dio luz
a mis campos desiertos,
reverdecen con el calor
del sol que hay en tus besos.

De repente te vuelvo a ver,
todo está en silencio,
tu perfume eriza mi piel
me deja prisionero,
suelto al viento mi corazón,
para robarte un beso.

II

Por tener tu cuerpo fui
agua bajo el sol,
y en nubes de plata
tu cielo crucé,
lluvia fui en tu pecho,
trueno en el placer.

Dulce beso, tarde tibia,
– Hasta pronto amor,
profecía la distancia
tu cielo nubló,
la sequía del olvido
la flor marchitó.

Antes que el último aliento
de éste gran amor,
se pierda en el aire
en estelas de recuerdo,
tú me escucharás
cantándole al tiempo.

El amor, humano amor,
es llama encendida,
puede el cuerpo sucumbir,
quedar en cenizas,
pero el alma es amor,
la llama encendida.

Hugo Eduardo Ávila

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