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Entre Borges y Rimbaud. Sobre la obra de Jorge Hadandoniu por Gerardo Molina

 

Gerardo Molina. Profesor – Poeta y Escritor . Uruguay   

gerardomolinacastrillo@gmail.com  

 

El poemario Entre Borges y Rimbaud, integra el libro Obra Poética publicada 1975-2017 de Jorge Enrique Hadandoniou, 498 páginas, Ediciones Acuarela, Granadero Baigorria, Santa Fe, enero de 2018.

Desde los versos primiciales, dados a conocer en ediciones frágiles, mínimas, inverosímiles reconocemos al Poeta. No pocas sorpresas, que provocarán emociones, sentimientos, sacudimientos de la transida condición humana, reflexiones, otras miradas sobre el universo próximo y lejano, música y luz, compromiso y palabra en el tiempo, depararán al nauta que, ligero de equipaje, como corresponde a los gustadores de la poesía, inicie el viaje a través de la obra poética de Jorge Enrique Hadandoniou. Y, a su luz, abrigará la certeza de las palabras de León Felipe: el Poeta habla desde el nivel exacto de hombre.

Innúmeros tópicos pasan por su pluma: el hombre de su tiempo, las contradicciones de la vida moderna, la inversión de los valores –en una época en que todo parece ser válido-, como si los versos de Discépolo tuvieran más vigencia que nunca; el mensaje, malgré tout, siempre esperanzado; la ciudad con sus contradicciones y contrastes de grandeza y de miseria, de orgullo y de humildad, la poesía que se desprende de las viejas calles, casas y jardines del ayer que azules fantasmas pueblan todavía; el breviario gringo desde aquel inofensivo y romántico spleen hasta el smog que atosiga las grandes urbes y el stress que agobia a millones de congéneres dominados por la urgencia, el vértigo, el consumismo, el trabajo excesivo –no siempre por necesidad sino por el afán de tener más- y dominados por la máquina, celular o compu, y  los vehículos muy siglo XXI, la tecnología avasallante… Y salva en sus versos la anónima grandeza de los seres humildes, los rincones recoletos, los paisajes interiores –personales y de seres que evoca- y los exteriores, en especial, de su tierra puntana, llana y soledosa, orlada por el aura protectora de las sierras…

En veces, bastan los títulos sugerentes Canción para despertar manos, Balada sin música para un joven sin voz, Alabanza de la gente sencilla, Todavía se escucha el canto del gallo al amanecer para despertar en el lector un mundo de sugerencias. Y, sumergirnos en el contenido de los poemas, es sentir, pensar, acompañar al autor en sus rebeldías, solidarizarnos con las cuitas y las alegrías de los seres que rescata en su pueblo-ciudad, revivir memorias que hacemos nuestras o que transformamos en nuestros propios recuerdos, pasear por los rincones recoletos, luchar contra la injusticia, vivir el encanto de la joya de la llanura –su ciudad Villa Mercedes- y, en fin, andar, vivir y descubrir nuevos caminos polisémicos, virtud de la palabra poética…

En Habla un mercedino, versos de su primera publicación Poemas de esta ciudad, nos permite conocer uno esos personajes desamparados que suelen darse en todo pueblo, el Negro Magallanes: Cuando de noche me siento/ a la orilla de algún camino, / nadie me acompaña…/ sólo la risa me viene siguiendo…/ Quiero volverme nada/ quiero perder la risa que me sigue/ cuando lloro por la mañana/ el pan que no tiene mi hambre/ o una sonrisa buena; una sola/ de hombre, mujer o niño… En Domingo, del mismo poemario, aflora con el fervor, la naturalidad y certeza del corazón joven, la rebeldía que alentará luego en muchas de sus creaciones: A esta hora, millares de voces/ responden a otros tantos carillones/ de catedrales imponentes/…¿Y quién estará junto a los solitarios/ que lloran un pedazo de pan?/ … ¿Y quién jugará con el frío de tantas manos?/… Habrá millones gozando el domingo./ Germinarán los hipócritas también./ ¿Pero quién estará junto a los perseguidos?/ … Tal vez un cristo/ se haga carne y les ayude a vivir… La plaza, la oficina, un parque, el bus o el metro, cualquier lugar puede encender la chispa y hacer brotar el poema como Lustra lustra que el poeta escribe en la Terminal de ómnibus de San Luis: … en ti palpita/ corazón sin mancha/ y en los dedos/ juega sin apuro/ el negro y el marrón/ de la lustrada./ … Acaricias el andar/ de los otros/ y no tienes tiempo/ de arreglar/ el destino de tus pasos./ Lústrales a todos/ los que caminan/ tu mirada en los pies;/ no desprecies/  a los descalzos,/ que ellos te ayudan/ a sufrir ese destino;/ y permíteme que lustre/ hoy tu nombre/ con estos versos/ sin brillo. Años después, la editora Sol Argentina, en ocasión de editar en La Metáfora II su poemario Pensares, Mendoza, 1996, escribirá sobre el autor: Hadandoniou es un poeta casi moralista. Su poesía se fundamenta sobre las bases de la actitud humana y el quehacer cotidiano de los hombres en la sociedad comunitaria.

Como hemos señalado, si bien su canto trasciende a lo universal, su patria chica no deja de estar presente, explícita o implícitamente en sus versos. Así, dice en Cósmica Puntana, Ediciones Red Cultural, San Luis, 1994: San Luis, dulce San Luis, / país pequeño, olvidado casi/ en la historia de los pueblos,/ abre la agenda/ del recuerdo,/ recuesta tus sierras/ al oído secular del corrillero/ que en las entrañas de la roca/ va gestando un tiempo nuevo.// La tierra escondía/ sus venas de quietud y viento,/ latía en sus entrañas/ música de aves, susurro de misterios.,,// Algo fluía por el rudimentario mapa/ hasta desbordar en fuego./ Así nació la música de la tierra/ en las manos del resero/ el indio, el criollo, el campesino/ que acariciaban tu cuerpo./ Crecía el sur en su mensaje…/ Los duendes dispersos/reunieron sus afanes y desde la tierra/  del río sereno y el cielo nació la danza/ que madura en versos. Y la ductilidad de su pluma, lo lleva nuevamente al transcurrir de actualidad, a tratar de entender, enumerar las variables y el orden omnidecisorio que impone el sistema, pero como él mismo, señala:  las sinrazones de la vida actual: los sistemas imperantes saben/ distribuir los cargos, / equilibrar las cargas. / descongestionar las rutas,/ preservar los lugares,// estipular las ganancias,/ definir los programas,/ seleccionar el personal,/ compactar los desperdicios,/ reciclar la producción,/ diseñar los proyectos de vida./ Saben también discernir/ con inteligencia cada vez más precisa/ quienes van de cada lado,/ y quienes quedan al margen.// Hay, entonces,/ protagonistas y marginales./ Pero la clarividencia de los sistemas/ permite no equivocarse nunca:// los unos serán siempre esos;/ los otros, ellos mismos./ Por lo tanto, los sistemas/ desconocen cualquier virus/ para sus computadoras, que pudieran/ hacerles variar lo invariable,/ confundir lo inconfundible,/ contaminar lo incontaminable, / desaprovechar lo aprovechable,/ y modificar cualquier requisito/ que produjera una modificación incómoda.// Es por ello que al margen/ todo es posible./ Pero sólo al margen. Pero siempre, la afirmación de su ser poeta, fulge en versos seguros y valientes: Para que alguien recuerde, / he de cantar esta mañana. // Descorreré el olvido,/ acortaré distancias,/ para continuar la iniciada/ aventura de Palabras.// … Para que alguien musite el verso, escribiré esta mañana. // … Y los recordarán en un tren/ lejano, o en una lejana plaza, / con una lágrima en los ojos/ o susurros en el alma.

II

El recuerdo de un libro de Borges de 1923 y una traducción de los poemas de Rimbaud que rondaban al poeta y estudiante veinteañero, iban a transformarse en la causal punta del ovillo para idear y alumbrar esta obra. Aquel libro primero de Borges –cuenta- se esfumó un día de su biblioteca, lo redescubre en 2016, y, a la luz estadísticas de las publicaciones del Maestro y las suyas propias, decide reunir su obra publicada en el período 1975- 2017 y escribir el libro que propone esta nota, con 49 poemas y la Yapa. Veamos el epígrafe: La palabra se justifica por sí sola. / El que quiera leer, que oiga.

Acendrado definitivamente el métier, seguro de su ser poeta, atento al devenir cotidiano –interior y exterior- ase (de asir) el instante, lo salva de su efímero destino y transforma en imagen que da a la sed de los vientos. Sabe lo que quiere decir –y cantar-, pulsa su lira y la forma, dócil a sus reclamos, se adecua y forma un todo con el contenido donde fulgirán el recuerdo para el amigo perdido, los vagabundos, las ciudades, vigilias y milagros, las flores, albas y nocturnos, la pausa y las angustias, el destino de hojas amarillentas, las lecturas azarosas, los cuadrados urbanos y la nostalgia del barrio breve, disquisiciones filosóficas, lunas, conexiones y plegaria, el metropolitano con su ayer de carruajes y caballos y más. No ignora, también que Cada cual, en su jardín, inaugura el día/ y que Con rutina, imperfección y alegría/ se desliza la rueda en su trayecto. / El uno anhela la suerte que disfruta el otro/ sin saborear la propia pacífica merienda…

El autor intercala breves páginas en prosa –como estaciones dentro del poemario-. Por ejemplo, en La razón del poema, con reminiscencias rubendarianas: … El misterio nos acosa, sofoca nuestro aliento y se abre al descubrimiento. ¿Qué léxico? ¿Cómo combinar los términos? ¿Cuál será la sintaxis apropiada? ¿Y la sonoridad? ¿Y el ritmo? ¿Y el acento o la medida invisible que penetra el espacio con sus estocadas al alumno? ¡Venerable misterio! A su búsqueda vayamos.

Y vuelve a aquellas lecturas juveniles y confiesa: Estoy leyendo a Borges, al menos de un modo original. Accedo a sus versos con la ingenuidad del que nunca los conoció, sin pretender reconocer su pluma en el lenguaje ni reverenciar su destreza. Con una entrega incondicional a la fluidez de su mirada. En ese encuentro, los deslizamientos y las pausas provocan las chispas necesarias para encender la creación de mis letras. Y, aún, otros dos textos mínimos para encarecer el valor de la poesía y la vigencia del libro y la lectura:

Escribir poesía

Escribir hoy poesía es el desafío del momento, la silenciosa revolución pacífica, especialmente si vivimos en los márgenes. Es un oasis cada vez más limitado en un mundo de agresiones cotidianas. No es la solución mágica, pero sí el refugio para almas atormentadas por disparates globalizados a los que sin autorizaciones ni filiaciones ni parcialidades. No vende, no se viraliza, se comparte poco, se lee con desconfianza, se piensa con intriga. Pero hay quienes la disfrutan. Es la ideología humana.

Leer hoy

Anunciada sin contemplaciones, la muerte de la lectura ha fracasado en sus intentos. No son las llamas que el bombero alentaba desde la mente luminosa de Bradbury. Dícese que el acto único de leer ha reproducido la Metamorfosis y que el ciego de Troya sigue más visionario que youtube de mucho se habla y se escribe. Al abrir un libro (el último o el primero) conoceremos el sabor sutil de la vida conservada y sazonada. La red se entrega plena de conocimientos. Pero el veneno de Atenas sigue circulando sutilmente. No seamos sus ejecutores. Leamos. Es la ideología humana.

La pervivencia del ayer, recurrente en la evocación de los poetas, vuelve con otros versos que la anuncian desde el título: Todavía se escucha el canto del gallo al amanecer, porque, como dirá luego algo de pueblo queda: El canto del gallo despierta el amanecer. / Es intangible, liviano, breve, agudo. / Ha conservado el promocionado/ reloj biológico/ sin necesidad de ofertas orientales/ o naturistas. / No percibe un canon novedoso/ por ejecutarse puntualmente/ a la hora oportuna. / Lo conoce por instinto y logra de ese modo/ escapar a los ruidos ciudadanos. / Antes o después ahogarán las motos, / atronarán los motores, / exportarán los equipos de audio/ y los gritos. Algo de pueblo queda. / El canto del gallo es testimonio preciso.

Y por allí campea, también, la sombra tutelar de César Vallejo y Miguel Hernández, a quienes dice, coloquialmente: Recíbeme esta lágrima que lloro./ Esta lágrima, Miguel;/ esta lejana lágrima, César./ Perdóname la distancia/ y en ello al que a cada lado/  de la sencilla mesa/ no supo limpiar sus ojos/ y desampañar su mirada./ Quizá hoy, también a mi ladera falda,/ se encumbre o acueste/ una poesía tierna o una dolida alma./ Y esta lágrima irá hacia vosotros/ olvidando al corazón/ que cerca  -a lo mejor-, calla./ Recíbeme esta lágrima distante,/ por todos los que te fusilaron, Miguel;/ por los que te pegaron, César…/ Y que en esta oración del agua/ se ahoguen para siempre/ los que al tierno poeta,/ al dulce amigo de la palabra,/ le destrozan cada ilusión/ y le ensucian el alma,/ vertiente sin fin de poemas/ con sus mil proyectos de esperanza. (Ofrenda lejana).

Y, en fin, no podemos dejar de referirnos y compartir el poema que evoca un año de su niñez, uno solo, pero imborrable en su retina y afectos, en el Cerro (Montevideo), junto a su padre griego, sus pasos por nuestra escuela, las calles junto al mar, juegos y niños amigos bajo este cielo, recuerdos de que nos hablara en nuestros encuentros, con un entrañable afecto y nostalgia de aquel breve lapso: ¿Así que viví en esas calles/ Preservadas del tiempo por el satélite?/ ¿Y puedo ver ahora el camino/ De hace cincuenta años/ Sin que se turbe la memoria?/ ¿Así que aquí estuve/ Y no pude conservar una imagen/ Tan solo para este futuro?/ ¡Cómo se diluyen los días!/ El olor, el sabor y la caricia/ Que descartaban los barcos todavía/ Insinúa mi imaginación despierta.//  ¿Así que era la vieja Montevideo?/ Y yo corría detrás de una pelota/ Al amparo del río y del cielo./ Extensos, los dos.  (Cerro).

En suma, una obra inconmensurable, en la que deberán, ineludiblemente, abrevar consecuentes lectores de poesía y los estudiosos. Tiempo vendrá –y no nos equivocamos- en que el nombre de Hadandoniou fulgirá junto al de los más grandes poetas de su entrañable tierra puntana: Agüero, Benarós, Lafinur, entre otros.

 

 

 

 

 

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