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Edgardo Ubaldo Genta por Marta de Arévalo

 

 

Marta de Arévalo – Escritora uruguaya

mfdearevalo@hotmail.com

 

EDGARDO  UBALDO  GENTA -1894-1983-

 

¡Soy poeta y soldado! Si me inspira

todo lo bello de la vida amable

yo cuelgo  el sable por pulsar la lira;

pero cuando una causa miserable

 vuelve a lo bello y al amor mentira,

cuelgo la lira y desenvaino el sable.[1]

 

La tradición de poeta-soldado es de antiguo arraigo en la hispanidad. Poetas-soldados fueron en España: Garcilaso, Hernando de Acuña, Gutierre de Cetina, Miguel de Cervantes, Vicente Espinel, Alonso de Ercilla… Y en América: Ignacio Manuel Altamirano en México, periodista, político y combatiente; Julio Arboleda en Colombia, tan buen general como legislador; Hilario Ascasubi en Argentina, coronel unitario enfrentado a Juan Manuel de Rosas; Bartolomé Hidalgo, autor de los “cielitos”, soldado en la entonces “Banda Oriental”, hoy República Oriental del Uruguay.  Por citar sólo a algunos.

 

Para Edgardo Ubaldo Genta, ser poeta  y soldado responde a un  ideal  donde se unen lo heroico y lo humanístico. Lo heroico se traduce en su vocación militar que cumplió con honorabilidad y eficacia, descollando en la docencia, la organización y la dedicación constante. Su obra manifiesta su pasión por el ejército, que en él quería decir: amor a la patria. Así surgieron, desde que era cadete en la Escuela Militar, sus himnos: “Himno de los ingenieros”, “Himno de los artilleros”, “Himno a la policía”, “Canto a la patria”, “Vamos valientes”, y tantos más, recordando especialmente el “Himno a los cadetes”: “Oh, salve, la gloria que un día / gozarás, juventud militar. / Superando temor y fatigas / piensa, estudia, razona y espera, /que tendrás el mejor porvenir. / ¡Marcha y canta! la patria adorada, / con orgullo te mira pasar.”

 

Como poeta, Genta  es un autor, al decir de Sarah Bollo[2], de “poesía fervorosa y exaltada”  Lo heroico y lo humanístico, asumen en él grado excelso en la grandiosa “”Epopeya de América”, que le fuera publicada por Aguilar y  mereciera un Gran Premio en México en 1976. Diez libros inspirados, escritos entre 1939 y 1961, donde con acento enérgico y magnífico une lo lírico y lo épico, lo histórico y lo mitológico, para recorrer, desde las razas esenciales de la América indígena, hasta el orden universal y cósmico, del “Epílogo de Dios”.  Poemas inmensos donde brilla por sobre todo el “Sol de América” ya que para Genta, América es la patria-continente, hacia donde proyecta su pensamiento fervoroso, desde la patria uruguaya que llevaba vibrante en su corazón: “…adorada patria que el Plata arrulla.”  Veamos, de esta epopeya monumental, fragmento del Canto I “El Tahuantinsuyo”:

 

(…) Un estremecimiento de pezuñas

evoca un corazón contra la tierra;

Tal vez por  el gran friso de la sierra

desfila una teoría de vicuñas.

Aguda nota de cristal herido

raya la copa convival del cielo;

acaso en los remansos del sonido

lanza el último puma su rugido

o el primer cóndor palmotea un vuelo…

 

Más cerca todavía, sobre el fondo

del grandioso, soberbio anfiteatro

regados por los cuatro

fértiles valles, puesto en redondo

de collados y oteros: Chunchulmayo,

Waukaro, Watanay y Tullumayo;

 a los pies de la enorme ciudadela

de Sajsawaman, mudo centinela,

cubierta por la pátima del mito

la gran ciudad de pórfido y granito

tras el celaje de los siglos vela.

 

(..) Mirando el septentrión, arrodillada

sobre el rumbo solar, la Chinchaysuyo

guarda el valle mirífico jaujeño

donde cautiva de su propio ensueño

vive la primavera enamorada.

 

(…)Parece que el coloso del Atlántico

con un gesto romántico

extendiera su brazo: el Amazonas

y, soltando la lanza de los Andes

con asta de aquilones

y regatón suspenso en Magallanes,

estrechara la mano del Pacífico…

¡Saludo de titanes!

¡Fraternidad de civilizaciones!

 

Tupac-Yupanqui Inca

colonizó la lujuriosa cuenca

hasta el límite mismo

donde gigante yacaré se suelta

de su prisión de lianas; se da vuelta

y, nadando hacia el mar con furia loca

por las fauces del delta

proclama su furente paroxismo

con el rugido de la pororoca

y se sumerge al fin en el abismo[3]

 

La patria en su pensamiento, la patria en su verso. Hecha acción en su iniciativa del “Artigas de Bronce” que riega monumentos del prócer por innumerables ciudades americanas, a la que acompaña su gestión de fundador de la Sociedad Artiguista del Uruguay, y de inspirador del Instituto General Artigas, de la ciudad de Buenos Aires. Acción y vocación que le valen las más altas condecoraciones de México, Paraguay, Argentina, Venezuela, Ecuador, Perú, Chile y de Italia.

Y si lo patriótico le reclama cívico y heroico acento, su sentido humanista le inspira belleza y amor en toda forma y hacia las  criaturas de la naturaleza. Dice del potro: “Venía galopando, suelta la crin y reluciente el pelo…”.  Dialoga con el eucalipto “…por rudo por noble y altanero…”. Y con sensibilidad exquisita nos presenta a “El sauce” como un soñador de imposibles.

 

El sauce es un gran pájaro

suspenso sobre el río.

De noche, cuando cruzan

las astrales bandadas,

en el día, si el sol

vuela los horizontes,

en invierno, en estío,

él contempla callado

las ansias reflejadas

de sus alas inmóviles.

El sauce es un gran pájaro

con las alas quebradas

igual que mucho hombres.

¡Cómo mira volar

a vampiros sin voces,

a cuervos sin espíritu,

a gorriones pequeños!

¡Cómo siente las ráfagas

que le soplan empeños

 de agitar su alas inmóviles!

El sauce es un gran pájaro

que sólo vuela en sueños,

igual que muchos hombres.[4]

 

Poeta lírico y filosófico, Genta sabe sentenciar: “Si pretendes subir, ve lentamente, / busca la base que mejor te sustente. / ¡No mires hacia atrás por un instante, / pues llevamos los ojos adelante, / para siempre mirar el horizonte!”  O exhorta: “…alumbra como lámpara encendida, / solo a la luz la considero fuerte!”

Y con ser dueño de un verbo grandilocuente de monumental aliento, este poeta épico de encendida emoción, autor de innumerables textos militares,  ciudadano consciente que impulsó escuelas y  gestionó campañas  de reforestación, con delicadeza lírica y la modestia de los grandes pudo escribir estos sencillos versos que nos conmueven:

 

Soy el hijo de Juan y de María,

dos sencillos obreros italianos

que nos legaron a los ocho hermanos

su tesoro racial, la fantasía.

 

Juan amasaba dulce pan; Cosía María.

Mil deberes sobrehumanos

fatigaron sus sueños y sus manos

de sol a sol, sin descansar un día.

 

Murieron en mis brazos: la garganta

de Juan, a toda voz canta en la mía

mientras María en mis silencios canta.

 

Y con orgullo de mi dinastía

proclamo al mundo con ternura santa:

soy el hijo de Juan y de María.[5]

 

Edgardo Ubaldo Genta fue un militar de acción y de honor. En la forja de su voluntad infatigable se modeló a sí mismo. Poeta romántico, fue  ya imponente, ya delicado, según fuera el tema de su  inspiración. Como filósofo inspirado nos dejó este mensaje: “La vida es un gran libro abierto / ante los ojos de los pensadores.”

Acrisoló su alma en la fe, y, místicamente: “..tuvo el grave sentido de la vida / y un día –poniendo en el arco lo mejor de sí mismo- / apuntó para Dios y le flechó su espíritu.”   ”

 

Bibliografía de  Edgardo Ubaldo Genta

Besos, lágrimas y gritos , 1917. – El tercio azul, 1924. – El vigía, 1930. – El cazador furtivo, 1935. – Aquel, tú y  yo, 1952. – Poesía, 1952. – La epopeya de América. Diez tomos. El primero se publicó en 1939 por la Imprenta Militar de Uruguay.

La serie completa fue publicada por Aguilar, en 1961.  –  Antología poética (póstuma), 1986. – Editó  dos novelas, poemas dramáticos y  varias obras  referentes a su profesión militar. Recibió Medalla de Oro en la Exposición Continental del Libro. Córdoba, 1944.; y variados  homenajes en todo el continente americano.

 

Citas

[1] E.U. Genta. “Mi verdad”. Poesías, 1952. p.34

[2] S. Bollo. Literatura Uruguaya. Ed. Universidad de la República. Montevideo, 1977

[3] E.U. Genta. La Epopeya de América, 1939. p.29 al 32.

[4] E.U. Genta. El sauce. Antología Poética, 1986. p.10

[5] E.U. Genta. El hijo. Antología Poética, 1986. p.11

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