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Día de la Poesía – Melanita

Hugo Eduardo AvilaMúsico, autor y compositor

Mendoza – Argentina- hugoavila1@gmail.com

Texto y foto del autor

La palabra es la herramienta más poderosa que tiene la humanidad toda. Trasciende los tiempos, las culturas, los continentes. Registrar la palabra a través de la escritura significó el más valioso avance y aún hoy puede modificar el entendimiento de nuestra historia, la comprensión del presente y la planificación del futuro. Agredir la escritura y la palabra es un modo de alterar el conocimiento colectivo.

Cuando la estructura gramatical nos transporta a la poesía, la palabra se transforma en la herramienta que representa los valores de la gente en su tiempo y en su espacio. El desafío de rimar y computar en sílabas un mensaje pone a prueba la intención que toda comunicación encierra y condiciona a quien escribe y a quien lee, a la más amplia y certera comprensión del mensaje. Así, el amor, la vehemencia, el fastidio, la locura y cuanto sentimiento o emoción quiera expresarse, se vuelca como una fuente que se rebalsa y se esparce como el agua sobre los más variados campos de la psiquis.

En 1999, mientras se desarrollaba la 30° Conferencia General de la UNESCO en París, se decidió establecer el 21 de marzo como el día de la Poesía. Promover la lectura, la escritura y la enseñanza de la poesía, y hermanarla con todas las formas de expresión del arte, como el teatro, la pintura, el canto y la música –que son tal vez los más amalgamados- fue el espíritu que impulsó a imponer la fecha. A través de la poesía pueden rescatarse los usos, las costumbres e incluso, las lenguas en peligro de extinción en algún rincón del planeta. Es más simple almacenar en la memoria un puñado de letras armónicamente estructuradas en rimas y métricas, y mucho más, si van de la mano de otras expresiones.

El día ha pasado, sin embargo, y como no leí muchos recordatorios de la fecha, quiero dejar un pequeño poema que alguna vez escribí para mi hija; cada vez que lo leo, o lo canto, me transporto a su infancia, cuando sus modos y gestos me lo dictaron con ese lenguaje ancestral y ajeno a la razón que tienen las hijas para con sus padres, y me permiten emocionarme o reírme como si lo estuviese viviendo nuevamente.

MELANITA

Sol de enero, luna llena
en julio nieve y miel,
dulce y tierna como aloja
claro amanecer.

Altanera, veleidosa
si te ven pasar,
dulce y tierna entre mis brazos
luz espiritual.

Clara esencia de mi vida
hálito de amor,
la ternura de tus ojos
alumbra en mi corazón.

Atezada, ojitos negros
radiante mujer,
el conjuro de tus besos
sustentan mi fe.

Tu cabello libre al aire
señala al destino,
surca el cielo con tus sueños,
vuela en tu camino.

Si mis manos no te alcanzan
porque estamos lejos,
no te aflijas, nuestra esencia
es amor eterno.

Cambio el aire por tu risa,
cambio el agua por tu paz,
mis sueños por tus caricias,
mi amor por tu libertad.

Hugo Eduardo Ávila.

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