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Corazón Viajero – Romance de Marta de Arévalo

 

Kenul Ismayilova – See Wonders – Azerbaiján

 

Marta de Arévalo – Escritora uruguaya

mfdearevalo@hotmail.com

 

CORAZON VIAJERO

A Pablo.

 

Este era un niño viajero.

Tenía por corazón

una vela marinera

y en las manos un timón.

 

I

 

Recuerdo al niño idealista

que en fantasía y leyendas

ensayaba porvenires

de aventuras marineras.

Solía soñar, mirando

el guiño de las estrellas,

que dominaba las olas

entre hazañas y tormentas.

Su sueño de todas horas

por la sangre novelera

le navegaba en un mapa

de ansiedades y de esperas.

 

 

Y le decía a su madre:

“Verás que te he de llevar

a pasear en mi goleta

hasta el lejano Madrás.

Del polo sur hasta el norte

y por rumbo ecuatorial,

iremos cual dos amantes

sobre las olas del mar.

Desde grumete a vigía

y en el timón he de estar

y serás, madre, en mi barco,

capitana general.

 

                                    

 Cuando dejemos la costa

navegando hacia estribor,

los cuatro rumbos del viento

nos darán la orientación.

Se agitarán las gaviotas

–pañuelitos en adiós–

y nos harán un cortejo

el delfín y el tiburón.

El ojo en luz de los faros

se hará destello en mi voz.

Por mi guitarra de cedro

el viento se hará pastor.

Sobre el vaivén de las olas,

en Brasil o Nueva York,

en Grecia, Japón o Australia,

han de escuchar mi canción.”

Tendido sobre la arena

navegaba el soñador,

mil sirenas lo tentaban

en romántica ilusión.

 

II

 

El tiempo, feroz tornado,

atrapó el velero blanco

y la vida arrió las velas

en los sueños del muchacho.

No pudo ser marinero.

Ocupa sus nobles manos

en rigor de carpintero

encariñado a su banco.

Sueña en un casco andariego

cada vez que pule tablas

y el martillo sobre el clavo

canta la fiesta del agua.

Por la noche la guitarra

lo lleva en rumbos y en ansias

por el mar de los arpegios

como si fuera una barca.

Y aún promete a su madre,

que tiene nimbos de plata:

Todavía he de llevarte

río arriba en una balsa.

Remontaremos el cauce

donde el camalote pasa,

ojos azules abiertos

de americanas distancias.

Bogaremos bajo el arco

de rojos ceibos en gracia

y el río de caracolas

abrirá cordial sus aguas.            

Las bocas del río Negro

nos verán pasar cantando

con un rumbo de amatistas

y naranjales al Salto.

La tarde tendida en luz

irán las garzas surcando,

como una alborada rosa

sobre el caudal milenario.

Y para alegrar tus ojos

te encontraré entre los zarzos,

un talismán de luceros

en la noche bien labrados,

que ha de bajar jubilosa

la Cruz del Sur a mi mano

tendida entre junco y agua

como un remo iluminado.”

 

Y así  suele divagar…

Mientras canta entre su encanto

la dulce voz del soñar

y la digna del trabajo.

 

Marta de Arévalo

Uruguay, 1977.

Del poemario Cincuenta Romances dedicados

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