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Mis últimos versos: nuevo poemario del escritor mexicano Manuel Fernando Guzmán Jiménez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El  2 de diciembre, el escritor y poeta mexicano Manuel Fernando Guzmán Jiménez presentó su tercer libro “Mis últimos versos”,  en el Salón México II del Hotel Hilton Expo en Guadalajara, en el evento FIL Abuelos, de la Feria Internacional del Libro  en Guadalajara (FIL Guadalajara).

Mis últimos versos fue editado en Acento Editores, en Guadalajara, México. El prólogo fue escrito por Darinka Ramírez Guzmán. La fotografía de tapa de Manuel Fernando Guzmán Jiménez. Diseño editorial y de cubierta, José Reyes González Flores. Cuidado de la edición, María del Socorro Guzmán Muñoz.

El poemario de 200 páginas reune más de 70 poemas del autor. Para citar algunos: Ya no vuelvas; De gatos; Al maletilla; Licor para olvidar; La Manzanilla, entre otros.

 

Prólogo del libro por Darinka Ramírez Guzmán

Los últimos versos del poeta de pies ligeros
Cuando las aves hablan con las piedras
Y las ranas con las aguas-
Es de poesía que están hablando.
Manoel de Barros

Nos encontramos frente al tercer libro del poeta en el exilio, Manuel Fernando Guzmán Jiménez; quien a su modo, nos entrega sus más sinceros versos. Recordándonos que la poesía no está afuera, sino en el propio interior.  El verso surge por la necesidad del espíritu de compartirse, de embellecer las horas transitadas; donde sus protagonistas son personas amadas, recuerdos almacenados en anécdotas, leyendas, historias de los espacios y lugares que nadie poetiza ya, palabras que esperan ser habitadas de nuevo. Tiene él un hablar de pájaro, porque sus palabras van verseando al viento, de una forma natural. El poeta en el exilio puede sentarse con sosiego a contemplar el camino, los recovecos transitados, para escribir; sin ninguna otra pretensión, que transparentarse con él mismo.

El poeta brasileño Manoel do Barros decía que la importancia de cualquier cosa no podía ser medida por algún sistema cegesimal; sino, por el encanto que esa cosa producía en nosotros. Por ello, el mundo interno de Manuel Fernando es cristalino, donde habita un jardín rebosante de cosas, memorias, atardeceres y albas primorosas. Sus versos me recuerdan el cuento de Eduardo Galeano: “La casa de las palabras”, donde los poetas solían ir a encontrar palabras almacenadas en viejo frascos. Las palabras les suplicaban a los poetas ser tomadas, olidas, saboreadas. Ellos entonces se deleitaban o fruncían sus narices con cada una de ellas. Las reconocían, las encontraban, las descubrían por primera vez. Así cada poeta se iba sirviendo de las palabras que más necesitaba. Dichoso él, que tiene la fortuna del tiempo, para apreciar la belleza de las palabras y de las cosas, de las partículas pequeñas que componen el cotidiano.

Ya en su primer libro, Versos Vivos, nos podemos deleitar con su poesía sobre lo cotidiano. En el segundo, José Reyes afirma que lo cotidiano en Manuel Fernando “es lo sustantivo y lo sustancial de la vida”, tal como hace presencia en Más versos vivos. El poeta en el exilio trasluce el canto de su corazón al papel; invitándonos por tercera ocasión, a ser partícipes de su universo poético, dialogando y recordándonos el regalo que es cada instante. Sus lecturas -literarias, cotidianas, musicales- permean su lenguaje.

Los temas que acompañan al poeta en el exilio se hacen presentes: la migración, la familia, la tradición tapatía, su afición a las corridas de toros y a los caballos. Algunos de sus versos, a modos de corrido, nos relatan diversas leyendas de personajes emblemáticos. Otros, se ven permeados por su gusto por el mariachi y las formas musicales de este; como el bolero o la canción ranchera. Justamente, su poema “Guadalajara te quiero” contiene la música y el color de Jalisco; en él embellece a la perla tapatía de la que se enamoró y tantos frutos le ha dado.

Nos comparte la belleza y peculiaridad de diversas ciudades como Culiacán, Las Vegas, San Antonio; lugares que frecuenta con sus pies pluma, como los llama José Reyes. También nos deja descubrir la tradición y beldad de paisajes de varios pueblos de Michoacán y Jalisco. Diversos elementos naturales se vuelven sus protagonistas como el río, el mar, la luna; los cuales, no dejan de impresionarle y de mostrarle la magnificencia natural. Se da el gusto de compartirnos versos de amor y desamor, de esperanza y encono. Su compañera de vida, quien le acompaña por casi seis décadas, sigue siendo su musa e inspiración de vida y versos.

Por otro lado, el autonombrarse: poeta en el exilio, además de ser un referente por sus múltiples viajes en diversos espacios, nos habla de una memoria más antigua, de un pasado distante, donde rememora a sus ancestros andariegos. Tal como su abuelo español, a quien le dedica el poema: “Desconocido”; quien dejó el Mediterráneo para navegar y llegar a territorio mexicano. Él ha sido inspiración constante en sus versos:

Cruzó el mar para

hacer historia él

siguió la ola y

logró la gloria.

 

Por siempre tendrás un lugar

serás tú mi faro

y mi guía al

final.

 

Este es un regalo a

un gran navegante

que sin ser marino

cruzó siete mares.

 

Manuel Fernando ha sido un migrante en carne propia, y habla en voz de quienes fueron, quienes retornaron, quienes transitan al otro lado. Les habla a los dreamers, a los deportados, a los que ya no regresaron más. Lo hace desde su propia verdad, desde su experiencia. Es un poeta del pueblo, habla para él y de él; por eso la gente se identifica. No por ello es fortuito que en radios de diversas latitudes de México y de Estados Unidos han sentido el mismo latir del poeta; su voz, es la voz de ellos. Un hombre que se abre a la verdad; a su verdad y ante ella, ningún otro puede negarla. Él ha sido de los afortunados migrantes que ha podido ir y retornar. Podemos verlo en su poema “Mexicano agradecido”:

Cuántos lugares

conozco de los Estados

Unidos en todas partes

dejé amigos, muchos

amigos.

 

De Laredo hasta Wisconsin

cuántos trabajos yo tuve

empecé cantando a ratos de

velador me mantuve.

 

Ahora que ya soy mayor

vienen a mí los

recuerdos las calles de

New York de Chicago

los museos.

 

Mil lugares conocí lo

platico y lo presumo la

lmúsica country en inglés

la bailé como ninguno.

 

Tengo nietos y bisnietos

viviendo del otro lado me visitan,

los visito no me

atrevería a olvidarlos.

 

La tercera generación

ya nació del otro lado

su educación es segura

nacieron americanos.

 

Ya me voy, no me

despido porque voy a

regresar a los Estados

Unidos a mi gente a

visitar.

 

En Mis últimos versos, en particular, dedica varios de sus poemas para reflexionar sobre la vida, lo caminado, la tercera edad, sus deseos últimos. Algunos de sus versos son de despedida, otros de agradecimiento. Un diálogo continuo con Dios por lo que ha acontecido y por lo que acontecerá. Quizás por ello ha decidido llamarlos Mis últimos versos, sin perder por ello la gracia y alegría por la vida, la cual, parece quererlo por mucho más tiempo aquí. Así se lee en “Se fue” o en su último poema “Arrugas”:

Hoy amanecí más viejo y

presumo mi vejez los

sueños no se han perdido

solo se arrugó la piel.

 

El pelo negro se fue

mechones blancos quedaron

al igual quedaron mis brazos

solo arrugas en la piel.

 

En mi mente hay recuerdos

que alimentan mi vejez

recordando que en mi casa

ahí me sentí yo el rey.

 

El rey que se está

cansando de hecho ya se

cansópero le queda el

recuerdo de lo mucho que

gozó.

 

Mi corazón no anda bien

aunque tampoco anda mal

dice el doctor si me cuido

puedo vivir algo más.

 

Más o menos qué más da

todos sabemos que esto

un día se terminará.

 

Lo que va a suceder en

verdad que no me asusta

Diosito lleva la cuenta él

verá pa’ qué me ajusta.

 

Estas líneas, sólo intentan ser una invitación a adentrarse al más reciente libro de Manuel Fernando Guzmán Jiménez; quien nos regala los versos del reposo de un hombre que caminó, que amó, quien se sigue entregando a la belleza y al dolor de la vida. De los pocos testigos que tienen el privilegio de plasmar su vida en un libro, con la serenidad del que sabe que eligió, y lo hizo correctamente; porque esa fue su corazonada. Un hombre de latido y de acción, de aventura y conquistas diarias, creativo y chispeante; quien ha pintado su casa de todos los arcoíris existentes.

En estos Últimos versos, el abuelo, el Poeta en el exilio; deja ver a las nuevas generaciones, que en la sencillez está la belleza, y en ella la vida. Que la herencia de los abuelos, no está en la efímera acumulación material, está en la sutileza de quien pueda ver, verdaderamente, de quien se entregue a la corazonada infalible; como el que ve el mar por la primera vez y sabe, ciertamente, que en cada gota está contenida la palabra mar. El poeta en el exilio nos ha regalado a los que le rodeamos, entre días o versos, otra forma de mirar, de comunicarnos ante este mundo agitado y desbordado. ¿Qué será de los que andamos en este tiempo occidental apresurado? Donde ya no caben las horas en los relojes, el sueño no alcanza a llenar las almohadas, menos los pensamientos. El poeta nos invita a ser de alma cristalina, de pies ligeros, de sueños inconmensurables. Que sus Versos vivos y que sus Más versos vivos, siempre nos habiten, más allá del tiempo y del cuerpo; a los que le seguimos. Que sus Últimos versos, sean una oda a la memoria de lo que hemos sido, de lo que somos, de lo que podemos llegar a ser. (páginas 15 a 23)

Darinka Ramírez Guzmán

San Cristóbal de las Casas, Chiapas, octubre de 2018.

 

Semblanza del autor por María del Socorro Guzmán Muñoz

Manuel Fernando Guzmán Jiménez, “Un poeta en el exilio”, nació en la ciudad de México el 6 de noviembre de 1936. Siempre le gustó leer y declamar poesía, aunque empezó a escribir hasta el año 2010. Desde entonces, no ha dejado de escribir y composiciones suyas han visto la luz en diversos espacios.

Mis últimos versos (2018) es su tercer libro. Ha publicado Versos vivos (2012) y Más versos vivos (2013), los cuales se presentaron en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara en sus ediciones de 2012 y 2013, respectivamente.

Es coautor de la antología Vivir sin envejecer (editorial Plenitud, Guadalajara), compilada por el doctor José de Jesús Valencia Rodríguez, en las ediciones correspondientes a los años 2012, 2013 y del 2015 al 2018.

Asimismo, composiciones suyas han sido publicadas en las páginas de diversos periódicos y revistas nacionales y extranjeras, como en el “Rincón del Poeta” de El Mundo. SpanishNewspaper y en el semanario El Tiempo, ambos de la ciudad de Las Vegas, así como en La Prensa de San Antonio, en el estado de Texas. Sus versos han llegado al sur del continente ya que han visto la luz en Argentina, en la revista electrónica Diafanís. Arte, ciencia y comunicación.

En septiembre de 2012, el Gobierno del Estado de Jalisco, a través del sistema para el Desarrollo Integral de la Familia, le otorgó por su obra literaria la medalla al “Adulto Mayor Distinguido”.

En febrero de 2014, su poema “A ella” obtuvo el primer lugar en el concurso de poesía organizado por el semanario El Tiempo, de la ciudad de Las Vegas, Nevada.

Entre los poemas que conforman Mis últimos versos, se encuentran dos que han destacado en diferentes certámenes. La composición “Guadalajara te quiero”, se hizo acreedora, en el año 2016, al Segundo lugar en el Primer concurso de canciones a Guadalajara, organizado por la Asociación Nacional de Periodistas de Prensa, Radio y Televisión (ANPPRYT) de esa ciudad. Por su parte, el poema titulado “El cristo de los toreros”, en diciembre de 2017 resultó ganador en el concurso de poesía organizado por Center Adult Day Care of Las Vegas, en el estado de Nevada.

Su poema “Dreamers” -también presente en éste, su tercer libro-, ha sido seleccionado para formar parte de la edición 2018 de la revista Studies in Rio Grande Valley History publicación del Departamento de Historia de la Universidad de Texas – Rio Grande Valley en Texas, Estados Unidos.

Manuel Fernando ha sido invitado a diversos programas de radio y televisión, tanto en México como en Estados Unidos. Durante tres años, semana a semana, participó en el programa radiofónico Cultura Comunitaria de la ciudad de Las Vegas, Nevada y en 2016, “Ágora Guadalajara”, televisión por Internet, le otorgó un reconocimiento por su destacada y constante participación en el programa “Edificando culturas”.

Sus libros se han presentado en diversos foros, entre ellos el Instituto de Cultura de Tecate en Baja California Norte, el Centro Cultural del Colegio de Bachilleres del Estado de Sinaloa en la ciudad de Culiacán, en el Museo del Periodismo y las Artes Gráficas, en la Casa Museo López Portillo y en el Instituto Cultural Arnulfo Villaseñor Saavedra, en Guadalajara, Jalisco.(páginas 11-13)

Guadalajara, Jal., 05 de octubre de 2018

María del Socorro Guzmán Muñoz

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