Estás aquí
Inicio > Archivo - Archive > Perfil poético de Gloria Vega de Alba por Marta de Arévalo

Perfil poético de Gloria Vega de Alba por Marta de Arévalo

 

 

Marta de Arévalo – Escritora uruguaya

mfdearevalo@hotmail.com

 

El 13 de marzo de 1999 desaparecía físicamente Gloria Vega de Alba, escritora uruguaya nacida en Montevideo en 1917. Su trayectoria poética comenzada en plena juventud, fue avalada con merecidos reconocimientos. Poeta de exquisito sentir, hondura de pensamiento y calidad de expresión, entregó su inspiración en metáforas estupendas y cuidadoso lenguaje de alto vuelo lírico. Como ser humano, destacó por sus cualidades de honestidad y fineza. En la amistad, sincera y afectuosa, recogió el reconocimiento de sus pares. Casi todos sus libros recibieron Premio del Ministerio de Educación y Cultura

Desde 1939 en que publica  Romances de la Virgen y el mar, hasta el último año de su vida, dio a la imprenta los siguientes títulos de poesía: La noche y yo, Ronda, Isla, El viajero, Mi amiga. –vertida al sistema braille-, Cielo derramado y otros motivos, Mujer de vidrio, Diario de una ausencia, Romance a Artigas niño, La memoria del fuego,  Las horas, El mar innumerable, Caballo en la arboleda, Mujer del Uruguay, Las Estaciones, Crónicas de un largo día,  Antología de la Poesía Cósmica de Gloria Vega de Alba (póstuma) editada por el Frente de  Afirmación Hispanista. México, 1999. También publicó algunos libros de ensayo.

Es indudable que para analizar  cualquier trabajo de un autor que ha transitado un largo camino poético, entregando valioso testimonio, debemos interpretar cada libro como un capítulo más, que se agrega a la totalidad de la obra. Y desde ese enfoque, apreciamos que en Las estaciones, donde la autora personifica los períodos del año, aparecen muchos de sus símbolos poéticos. A lo largo de toda la obra de Gloria Vega  está presente un acentuado lirismo, que a través del simbolismo: tierra, mar, sueño, tiempo y misterio, la define nítidamente.

En Mujer de vidrio, en el poema homónimo que inicia el tomo, vemos que dirigía su canto a la tierra transfigurándose en ella y decía Eres la Tierra / y eres la transparente / sombra de los astros. / Eres la Tierra en la poesía / transmigradota de los cantos. / La Lengua del poeta / como un cristal te pule / el barro sacrosanto.

En el sector Verano de Las Estaciones, levanta su canto desde la propia interioridad, que por momentos es la misma Tierra personificada. Dice en el poema Sobre el tiempo:

Partí del corazón hacia los ojos,

a las raíces tibias de los dedos.

Iba a mirar crecer la vida

como un fuego.

 

A arraigarme en la tierra

como un nudo.

 

Y fui  pupila donde hubo cielo.

Lumbre para mirar sobre mis huesos.

 

Raíz para quedarme

sobre el mundo

hecho un árbol, un fruto,

un pájaro caído sobre el tiempo. [1]

Es la Tierra y es su propia tierra humana. A lo largo de toda su obra, son muchos los poemas que nos muestran este juego de ser y sentirse ella misma y sentirse a la vez, la  naturaleza entera, con su ciclo de nacimiento, evolución y muerte. En ese partir del corazón a las raíces está el nacimiento con toda la energía de los genes fecundando el principio, simbolizado en las raíces. Mientras que en Iba a mirar crecer la vida como un fuego  es elocuente la presencia vital evolutiva y la energía creadora asociada al fuego, además del sentido de contemplación que asumiría el poeta. El texto finaliza: un pájaro caído sobre el tiempo.  Aquí el tiempo, cumplimiento inexorable del ciclo humano y claramente, la muerte.  Muerte, cuya mención y figura es constante en toda su obra. Recordemos su libro Mi Amiga cuyo título alude a la amistad del ser humano con la muerte y donde nos decía: Por el jardín la muerte sonreía / y su sonrisa detenía al tiempo / en sus relojes de ceniza.”  Y también: ¡Ay, amiga, sé dulce / para las criaturas frágiles! / Esas que llegan inocentes / a reposar sobre tu alma…”

 

Expresamos que otro de sus símbolos, tal vez el más importante y obvio, es el mar. Y el mar, simbólicamente, en los sueños, significa precisamente, la muerte. Aunque en esta poetisa significa también potencia vital, génesis, misterio… En  El mar innumerable nos dice: Y niño aun ví que era el mar el mismo / que miré sin mirar cuando tenía / sobre mis ojos aquel sueño vivo.[2]  Y en otra página: Toda tu magia, Mar, cabe en mis ojos / y en la palabra Mar con que te nombro. / (…) y me espantas con una voz que viene / empujando tu pecho con su plomo.

Mencionamos el sueño. Y el misterio. En el poema Laberinto se dirige al verano diciendo:

Levantas en la noche

tu copa de perfumes

y las derramas

como un espeso vino.

 

(…)

Enero abría

la deslumbrante rama del verano.

Recuerdo que guardaba

como una almendra

en su mano mi mano.

 

Eso fue

apenas un instante.

 

En cada noche cruzo

la marea del tiempo

para alcanzar

la luna de aquel sueño.

 

Y estoy sola

en mi propio laberinto. [3]

 

Aquí el misterio se realiza desde la deslumbrante rama del verano hasta la propia soledad, que se expresa casi con deleite.

En cuanto al sueño, es también, junto con el mar, uno de los más recurrentes  temas de Gloria Vega. Es en ese símbolo donde se expresa con una levedad tan espiritual  que  parece atravesar los velos más recónditos del ser esencial. En el ya citado libro Mujer de Vidrio uno de los más bellos poemas  es el titulado: Era el Sueño. Veamos un fragmento:

 

Yo miraba en mí misma

la sombra del espacio.

 

A través de mis párpados

llovieron siglos sus enigmas,

su fuego

sus ángeles incautos.

¿Qué ráfaga llegó de la región

desconocida de los astros

a empujar en mi frente

sus relámpagos?

 

(…)

Y fue entonces que vi

a través de mi rostro

el multitudinario espejo

de la vida

y vi que un ángel

de una pradera solitaria

llena de ecos,

hacía su morada.

 

Y a  aquellos que venían

a mí como corderos

devorando sin prisa

como una fruta deslumbrante

mi alma.

 

Sobre ellos,

una lámina azul borro de pronto

la memoria.

 

Era el sueño, era el sueño.

Pero a través el sueño yo vivía

toda la eternidad

que me rozaba con su ala. [4]

 

Y en Las Horas leemos: La vida su minuto / avara nos entrega. / No la dejéis pasar. / El sueño, el suelo, sólo el sueño / puede vencerla con su ala.  El sueño, que es la vida misma, tal vez soñada por cada uno de nosotros.  La vida de rostro alucinante, simbolizada en Verano que también simboliza la juventud humana. La vida como un hambre de  existencia perpetua; como jugo salvaje y generador de nuevas vidas como el sexo; la vida como llanto y angustia, la vida, como tiempo efímero y como vino embriagador. Hablándole al verano en el poema Tu rostro alucinante expresa:

(…)

Eres adolescente y viejo como el mundo.

Me golpeas con tus antiguas hambres

y me sacas el llanto

como un jugo salvaje.

 

Se dilatan tus límites

en el verde diamante

en que me das, vigoroso y secreto,

un rostro innumerable.

Soy el hombre que nace

del poderoso lecho de tu tierra.

Con tu raíz, con tu sudor, tu sangre.

Y en tus venas desata sus pasiones

porque soy en tu tiempo

una imagen sin tiempo que repite

tu rostro alucinante. [5]

 

Una vez que nos adentramos en la poesía de esta autora hay mucho para ver, meditar y trasmitir. Es una poesía de intensa dualidad. Vital y contenida, transparente y misteriosa, distanciadora y atrapante. Poesía de emoción sensual, poesía de vuelo intelectual. Y de recóndito fuego, ya que subyace mucha pasión  en ella que a primera lectura nos se advierte. Es que de alguna forma, la poeta pone distancia entre ella y el lector. Como si toda la energía creadora la dedicara a la comunicación consigo misma, y la dirigiese a una búsqueda de identificación del yo profundo; a ser, en suma, tan ella, que su propia voz poética, por original, la destaca y al mismo tiempo, la contiene y la aísla.

Aun cuando la autora se esconde detrás de su lenguaje, utiliza las palabras sabiamente. Expresa con arte y  fluidez su emoción y abre sugerencias que desencadenan un abanico de ideas en la levedad del alma ajena. Existe un peso psicológico que se irradia desde el sonido, el ritmo y el tiempo de pronunciación de la palabra leída, sin olvidar la sensación gustativa, reiterada en toda la obra de Gloria Vega de Alba. Me refiero a esa sensación deleitosa que parece dejar en la boca, la pronunciación de ciertos vocablos  que se constituyen en hallazgos, no bien se nos presentan. Vocablos que hasta se pueden paladear. Y no es casual que en Mi amiga, libro donde están dadas todas las claves que desarrolla en su trayectoria,  hay un apartado  final titulado: Los cinco reinos, que son los cinco sentidos de percepción tradicionales del ser humano: vista, gusto, tacto, oído y olfato. En el poema dedicado al gusto la propia autora  expresa esta sensación:

 

¿Qué dulce es  al paladar, el grano

que abre maduro y rubio la colmena

y qué salado el mar que abre en mi boca

sus caminos de algas y de perlas.

Y qué picantes Indias y Zanzíbares

de ajíes y jengibres y pimientas

dando a la lengua su escondido fuego,

sus menudos volcanes y sus guerras!

 

Yo saboreo en ellos el prestigio

ancho y fecundo de la tierra,

que me endulza de miel y me arrebata

los montes perfumados de la lengua.[6]

(…)

 

Y nada más expresivo que el breve poema de introducción por el que cede sus cinco reinos a su amiga, la Muerte;

 

Mis cinco reinos a tu mano entrego,

derrochadora casta de la vida.

Los cinco reinos que me dan su fuego,

su batalla de gozo y su caída.

 

Por mis sentidos a mis reinos llego

desbordada de gracia apetecida

y en ellos bebo el alma y hallo el ciego

corazón enraizado de la vida. [7]

 

Cinco reinos que entregó ese día  de marzo de 1999, aunque su corazón enraizado en la vida, sigue abierto hacia nosotros cantando en su poesía.

Referencias

[1]Las Estaciones,  1996. p. 23

[2] Contaba la poetisa, que sus padres vinieron desde España por mar.  Y ella gestada ya, en el vientre de su madre.

[3] Las Estaciones, p. 22

[4] Mujer de Vidrio. pp. 28-29

[5] Las Estaciones, 1996. p. 19

[6] Mi amiga, 1974. p. 53

 

Bibliografía consultada

  1. Vega de Alba. Edición de autor, todos en Montevideo
  • Mi amiga, 1974
  • Mujer de Vidrio, 1981
  • Las Horas, 1990
  • El mar innumerable, 1991
  • Las Estaciones, 1996.

 

 

 

 

 

[1]Las Estaciones,  1996. p. 23

[2] Contaba la poetisa, que sus padres vinieron desde España por mar.  Y ella gestada ya, en el vientre de su madre.

[3] Las Estaciones, p. 22

 

[4] Mujer de Vidrio. pp. 28-29

[5] Las Estaciones, 1996. p. 19

[6] Mi amiga, 1974. p. 53

[7] Op. cit. p. 49

Top