Estás aquí
Inicio > Archivo - Archive > Notas sobre Kafka

Notas sobre Kafka

Dr. Erick Daniel Granados Monroy – México

d_granados@hotmail.com

 

Resumen

En esta reflexión escrita nos enfocamos específicamente en el texto “La Metamorfosis” de Franz Kafka, con el propósito de retomar elementos cuestionables en torno a los procesos interpersonales, que devienen del proceso narrativo y descriptivo del entorno del protagonista. Características que lamentablemente consideramos presentes y constantes en el “mundo real”. El análisis se ubica desde el enfoque cualitativo y fue realizado desde los criterios del Método Dialéctico y del Método Doxográfico.

 

PAalabras clave

Kafka, Metamorfosis, Familia, Utilitarismo.

 

Introducción

Es forzoso para quien lee algún tipo de trabajo escrito, el tratar de interiorizarse en las circunstancias y distintas características que confluyen y dirigen la vida de un autor, ésto con el propósito de tratar de entender de una manera más amplia, profunda y abarcativa, el significado y dirección de una obra.

El autor del escrito en el cual nos enfocamos nació el 3 de julio de 1883 en Praga, entre algunas de sus obras se cuentan “La Metamorfosis” escrita en 1915, “Colonia Penitenciaria” editada en 1919, “El Proceso” que vio la luz en 1925, “El Castillo” en 1926, y “América” en 1927. Nos referiremos solo a la mencionada inicialmente.

Kafka fue el primero de los hijos, antecediéndole tres hermanas, y tras él, hubo otros dos hermanos los cuales murieron muy pronto; su madre se ocupaba todo el dia en el negocio del padre, por lo que su instrucción básica corrió a cargo de institutrices. En 1902 ingreso en la Universidad Real Alemana de Praga, en donde estudio leyes; en ese mismo lugar conocería a su amigo el escritor Máx Brod, el cual lo alentaría en sus trabajos literarios, y el que a la muerte del autor publicaría varias de sus obras, entre ellas un diario íntimo.

La elección de esa carrera no se explica con ninguna inclinación particular del autor, pues aparentemente todos los oficios y carreras se le presentaban a él indiferentes.

Se graduó en 1906 e ingresó a trabajar en distintas compañías aseguradoras; en los intervalos que sus labores oficinescas le permitían, escribía, actividad que había principiado desde sus épocas infantiles.

En el paso del tiempo mantuvo dos relaciones, la primera de ellas con Felice Bauer a quien conoció en 1912 en casa de su amigo, dicha relación se interrumpe en 1917 cuando el autor puso de excusa su enfermedad (accesos de tos sanguinolentos) para terminar, junto con su relación, un compromiso matrimonial hecho con dicha dama.

En una excursión que por motivos de salud realizó en 1923 a un centro vacacional judío del mar Báltico, conoció a Dora Dymant, misma con la que vivió en Berlín una existencia de pobreza y privaciones, provocadas por la insuficiencia de su sueldo de oficinista. Punto importante es que nunca quiso aceptar ayuda de su familia para resolver sus problemas, además de que no concordaba con la idea de utilizar sus escritos como objetos de canje pecuniario; estas son sus palabras…

“Bien, no podría dedicarme por entero a la actividad literaria, como podría uno desear, por varias razones. Dejando a un lado las consideraciones familiares, nunca podría mantenerme con el trabajo literario por la lentitud con que escribo y por la peculiar naturaleza de mis escritos”.[1]

Así, enunciaba que el interés monetario y el arte de escribir debían permanecer totalmente separados entre sí, pues la mezcla redundaría en un envilecimiento de la creación; es decir, que si realizaba su actividad literaria, era por el gusto dé…, por ser parte de su naturaleza. No conllevaba en esa actividad el afán de ganar dinero, puesto que si lo hacía, estaría prostituyéndose en ese proceso.

De acuerdo a Kafka, cuando uno camina en el ámbito social, para su manutención no debe valerse de aquella característica propia que le proporciona algún tipo de sentido o significancia trascendental, sino que dicha actividad debe estar totalmente alejada de aquella con la cual el Ser procura llenar sus necesidades básicas.

El autor descendía de familia acomodada, pero por su decisión de mantenerse a él mismo independiente, tuvo que dedicarse a vender su fuerza de trabajo para acallar su hambre, pero su habilidad o inclinación literaria no la invirtió de tal modo, y así trató de no caer en la corrupción; cuando uno lleva a cabo alguna actividad por un sentido que no es utilitario, a eso no podríamos llamarle prostitucion, pero cuando se desarrolla la actividad esperando obtener algunos bienes materiales, es entonces cuando se degradará al individuo, a su senda y a su característica-habilidad.

Kafka finalmente sucumbiría a la tuberculosis el 3 de junio de 1924.

 

Desarrollo

Hay muchas cosas inexplicables, tanto en lo que pasa fuera de nosotros, en el espacio exterior, como en lo que acontece en nuestro mundo interior; una de esas cuestiones inexplicables se presentará en la transformación de Gregor Samsa, suceso del cual parte la historia y que el protagonista considerará como un hecho ocurrido y aceptado. En ninguna parte del escrito se encontrará explicación ni origen de su mutación.

Es importante denotar que en las distintas consideraciones y especulaciones de Gregor, para nada se notarán disminuidos sus atributos mentales -recuerdos, sentimientos, lógica, etc.-, los cuales se mantendrán como los de cualquier humano común, y que al igual que los de los otros humanos, serán de naturaleza ingenua y subjetiva, aunque también con sus correspondientes fogonazos de soberbia.

Así, podremos percatarnos de que únicamente su cuerpo será el que adoptará una nueva forma, mas no sus sentimientos. Por tanto su transformación será tan solo material, no espiritual.

En sus primeras elucubraciones vamos conociendo parte de su personalidad, la cual nos mostrará sus añoranzas, “los amigos accidentales que son siempre nuevos y nunca íntimos”[2], y sus obligaciones: el deber de mantener a sus padres y hermana, mismos que a lo largo de la historia se mostrarán en su verdadera naturaleza: fría y egoísta, mezquina y voluble, faltos de generosidad y de sentimientos nobles, puesto que “creían, en el curso de los años, que Gregor estaría en su trabajo de por vida, además, preocupados  por sus mas inmediatos problemas, no habían previsto nada”.[3]

Naturaleza primordialmente sórdida que mostrarán al peligrar y perder su deliciosa vida de acomodamiento y despreocupación, misma que había sido producto de los esfuerzos de Gregor, pero que ahora él “injustamente” los obligaba a abandonar. Posición que habían alcanzado gracias a que “en aquella época el único deseo de Gregor era hacer lo que estuviera a su alcance para ayudar a su familia a olvidar prontamente la catástrofe que los sumiera a todos en la más completa desesperación”[4], refiriéndose con ello al fallido negocio de su padre.

Su ser, vida y energía dedicada a solventar y cargar con los errores del padre, la sumisión de la madre y la pasividad de la hermana.

Ya aquí podremos hacer un nuevo boceto sobre la personalidad de Gregor, el cual se nos aparecerá en una dualidad como un hombre que fue insecto, para después convertirse en un parásito con mente de hombre, el cual tendrá como características ambivalentes las de un Ser que en su buena voluntad fue sometido social y moralmente, sin oportunidad de desarrollar sus afanes sentimentales, todo por complacer los distintos requerimientos de sus progenitores y de su hermana, “de quien tenia el plan secreto de que ella, quien amaba la música, algo que él no apreciaba, y que tocaba el violín, pudiera estudiar en el Conservatorio, a pesar del gasto que ello implicaba y que de algún modo debía ser cubierto”[5]; progenie de la que posteriormente sólo recibiría repulsión y desamor.

Entonces, hasta aquí quedaría clara la cuestión:

Mientras él fue un algo que se encontraba dentro de los estándares sociales convenientes, fue aceptado como hijo, pues la familia recibía la deliciosa primicia de una compensación monetaria que era utilizada para hacer la existencia familiar segura, cómoda y bonita, bienestar que por cierto no alcanzaba a Gregor.

Pero cuando esto cambió, puesto que con la llegada de la nueva apariencia de Gregor, partieron las bateas de avena, automáticamente perdió éste su calidad consanguínea y el reconocimiento de su antiguo ser, el cual fué y siguió siendo manso y resignado.

Gregor les volteó su mundo al retirarles el subsidio y al castigarlos al ser ellos “azotados por una desgracia que nunca había ocurrido entre parientes y amigos”[6], lo que los había obligado a la desventurada y humillante vida de: un mensajero, una costurera y una empleada. Ohhh, trágica y triste vida la suya.

De ese modo, ¿qué entendemos aquí? Utilizando un poco de lenguaje figurado, nos percataremos de que se acabará nuestro ser y el reconocimiento como tal de nuestros allegados, cuando: no llegue el nitrometano a las lumbreras de admisión; no se realice la triplicación voltaica en la bobina; ya no contenga tetraetilo de plomo la gasolina; ya no haya compresión en la cámara de combustión; no funcionen los pipes de las lumbreras de escape; no llegue la chispa a la bujía.

Así, en el momento en que dejemos de acoplarnos al arquetipo, ya no encaremos el estereotipo, ya no alimentemos el ego y cuerpo de cerdos y perros.

Cuando dejemos de aportar y complacer a nuestros allegados, cuando caigan las máscaras y se expongan los secretos, es cuando dejaremos de tener la amistad, aquiescencia, el cariño y el reconocimiento de los demás.

Ya no obtendremos nada de ellos, pues ni siquiera se condolerán de nosotros al morir, nadie nos llorará, tal como nadie lloró al pobre Gregor.

Es desdichado ser, entre más dinero daba a su familia, menos próximo estaba de ella.

Nació, creció y dio, y entonces sí fué, pero cuando dejó de aportar entonces dejo de pertenecer al clan: si no das ni eres como nosotros, eres nadie.

Entonces, ¿por qué se acepta a la mariposa y no a la cucaracha?

¿Por qué se acepta al agente viajero y no a Gregor? Utilitarismo contextual, socialización instrumental.

Una de las figuras que más sombrío papel ocuparon tanto en la vida de Samsa como en la existencia de Kafka -así como en la de algunos de nosotros-, es la figura del padre. Para el autor, su padre fue una figura distante, alejada y temida, tal como él mismo se lo expresó en la siguiente carta…

“Querido padre:

Una vez me preguntaste por qué afirmaba yo que te temía. Como de costumbre, no supe que responderte, en parte porque los detalles que contribuyen al fundamento de estos temas son demasiados para que pueda yo mantenerlos reunidos siquiera a medias durante la conversación.” [7]

Para Samsa tampoco hubo mucha diferencia en lo se refería a la figura paterna, pues, ¿quién fue ese ser?…

“¿El hombre que se hundía en la cama cada vez que Gregor se disponía a iniciar un viaje de negocios; que lo recibía a su regreso recostado en un sillón, vestido con una bata; que no se levantaba sino que únicamente extendía los brazos en señal de saludo; que en las ocasiones en que salía con la familia, alguno que otro domingo y días festivos, caminaba entre Gregor y su esposa, mas lentamente que ellos, envuelto en su viejo abrigo y ayudado por su bastón que apoyaba muy cuidadosamente en cada paso; y que cuando quería decir algo, se detenía obligando a los demás a situarse en torno suyo?” [8]

¿Ese era su padre? ¿Eso era su padre?

Monigote horrible, animal tóxico.

Con esas finas características de su familia, a Gregor sólo le quedó una opción: desaparecer.

Y así fue, tomó su camino, que al igual que el de su vida pasada, había sido el de un animal noble que marchaba al matadero, y aun desfalleciendo, sus últimos pensamientos fueron para aquellos a quienes siempre profesó cariño, pero de quienes no obtuvo si no primero abuso, y después repulsión.

Gregor no provoca asco, más bien simpatía, y quizás pena o lástima; una pena al identificarnos quizá un poco, sólo un poco con él.

 

Conclusiones

Al final queda preguntarnos, a manera de una reflexión muy personal y privada:

¿Qué va a pasar cuando nosotros mutemos?

¿Qué será de nosotros cuando nos corresponda nuestra respectiva metamorfosis?

¿Qué será de nosotros, pobres bichos post-apocalípticos?

¿Hallaremos lugar, o por nuestra naturaleza y conformación estaremos condenados a morir?

¿Asco, vergüenza, exclusión y violencia de parte de aquellos que supuestamente, incondicionalmente nos amarán?

El que esto escribe, no vislumbra opción, pero… bueno, para eso estamos aquí: para buscar entender lo que sucede, y de esa manera tratar de encontrar el modo de actuar lo más correctamente posible; para tratar de acercarnos a lo bueno y a la felicidad, para tratar, para intentar…

Citas

[1] Kafka, La Metamorfosis, p 8.

[2] Kafka, La Metamorfosis, p 14.

[3] Ibíd., p 31.

[4] Ibíd., p 42.

[5] Kafka, La Metamorfosis, p 42.

[6] Ibíd., p 62.

[7] Kafka, La Metamorfosis, p 11.

[8] Ibíd., p 55.

BIibliografía

Kafka, F. (1976). La Metamorfosis. México: Ediciones Ateneo.

Top