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Mansul – cuento

 

 

María García Marichal – Profesora de Geografía – Uruguay

mariagarciamarichal@gmail.com

Empezó a caminar cuando caía la noche. Sabía que el camino era largo, que dejaba atrás la tranquilidad de su casa y partía hacia la inquietud de un destino incierto.

No llevaba nada más que una mochila con unas cuantas prendas de ropa, una botella de agua y su diario. Quería ir sin cargas, sin peso excesivo, sin amarras, para buscar lo que parecía ser el objetivo definitivo en un lugar del que nunca había oído hablar.

A su alrededor la oscuridad aumentaba como el chirriar de los grillos y el frío del aire. Podía escuchar el viento en las hojas de los arbustos y susurros en el pasto. Las estrellas se volvían diáfanas en la inmensidad.

La medianoche lo encontró a la vuelta de una senda pedregosa, bebiendo el agua de la botella y oteando el horizonte. ¿Dónde estaría Mansul? ¿Qué era? ¿Un país, una ciudad?… Tal vez un pueblo perdido. Repitió el nombre en voz baja una y otra vez. Estaba cansado, pero no cedería ni se quedaría a esperar. Guardó la botella en la mochila y hurgó buscando el diario. En las sombras, las hojas blancas brillaban con una tenue iridiscencia nacarada, como una perla que irradiara luz. La letra menuda se alargaba y llenaba todos los renglones y las imágenes de aquel lugar imposible esmaltaban cada inicio de página.

Lo encontró transformado cuatro días antes, escrito con su letra (sí, la suya) y con las ilustraciones maravillosas completando los espacios como en un libro medieval. Él no lo había escrito; tampoco había dibujado y pintado: no sabía hacerlo. ¿Quién fue? Después de dos días de incertidumbre comprendió que algo o alguien escribía por él historias de otro espacio y otro tiempo, que le mostraba lugares que jamás había visto y que dudaba existiera. Alguien le mostraba a Mansul.

Y se decidió a  partir. Se preguntaba qué lo aguardaría; nada estaba claro, solo que había maravillas y portentos que el que escribía con su letra ilustraba emocionado. Se echó la mochila a la espalda, miró a lo lejos respirando  profundamente hasta que se sintió mareado, vaciló una fracción de segundo.

Retomó el camino preguntándose si otro él, escindido y viviendo en otro universo, no estaba guiándolo hacia su perdición.

 

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