Estás aquí

La Plaza

Gerardo Molina – Profesor – Poeta y Escritor – Uruguay   

gerardomolinacastrillo@gmail.com  

 

El aura provinciana pueblerina invade mansamente al paseante o forastero, que recorre sus calles de tierra o empedradas y que se ve, a poco, inmerso en un mundo igual y diferente. De pronto, el isócrono rumor de la marcha se diluye ante el bullicio armonioso y contagiante que escapa de las frondas de la plaza cercana. Allí, jóvenes y niños, charlan y juegan animadamente. Alguno que otro vecino circunspecto cruza por las sendas que orlan cuidados canteros.

La iglesia con sus torres insomnes, la municipalidad con su escudo y bandera, alguna casa señorial con balcones y zaguanes, y comercios la rodean.

Tardecita de domingo. La Banda del pueblo se ubica en el centro de la plaza y afina sus instrumentos. Lentamente, los lugareños van haciendo rueda en torno de ella. Las parejas, sonámbulas, trenzan sus idilios y parece que, a esa hora irreal, el azul, salpicado apenas por hilos de plata, se vuelve más profundo.

 

La plaza (1)

La plaza es una clara colmena de armonía

Remansada o bullente, rumorosa o austera,

Imán de cada encuentro, oasis de la espera

Y refulgente espejo de la provincianía.

 

Troya, rayuela, rondas: infantil alegría

Que acrece de los pájaros la parla vocinglera.

La plaza en todo pueblo es blasón y bandera

Como una historia viva de luz y de poesía.

 

Retretas domingueras sobre la tardecita.

Los árboles que sacian una sed infinita

En el azul profundo, de sus aromas, preso.

 

¿Quién no dio en una plaza, alguna vez, un beso,

Se ensimismó sonámbulo deshojando una cita

O gustó, tras la ausencia, las mieles del regreso!

 

Gerardo Molina

1-Homenaje a las plazas pueblerinas, cuyo aroma pretérito nos retrotrae a la paz aldeana, sin duda más simple y más pura, de nuestros mayores. Y, en especial, a la de Canelones- que frecuentara durante los años de estudiante- y a la de nuestro pueblo, Los Cerrillos. Con el vivo recuerdo de los conciertos (retretas en la Plaza) por la Banda Municipal que dirigía el Prof. Humberto Calvetti, que vestían de armonías el ocio dominguero. Tiempo de las consabidas vueltas placeras: las mujeres en dirección contraria de los hombres, hasta que, alguno de estos, mirada va, mirada viene, se “arreglaba” con la joven de sus sueños y pasaba a las filas de las damas.

Top