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Un Viaje – cuento

 

Marta de Arévalo – Escritora uruguaya

mfdearevalo@hotmail.com 

 

De su libro: Un caballo chino y otros cuentos

Hay miríadas de estrellas entre este sutil polvo cósmico que me rodea. Ojos espejeantes que me miran lejanísimos. Navego en el mar sideral color violeta de una noche. No sé cuál noche. Todas las cosas me fueron trastocadas y tiempo y espacio no tienen el antiguo sentido. Los brazos se me han vuelto velas o alas y remontan el surco del espacio infinito. Los ojos me giran como brújulas, alucinados. Mi norte está siempre arriba. Voy hacia allá en compañía de opacos aerolitos grises. Una estrella lejana parece acercarse. Oscura e imponente, es como un ojo ciclópeo que me persigue. Mira mi yo profundo y mi esqueleto se derrite a su mirar intenso. Ahora soy transparente como una película de cristal pero mi contorno se refleja con nitidez en la profundidad de una espiral desconocida.           Alguien dice– Vira al sur.

Alguien grita –Vira al sur.

Muchos alaridos juntos gritan – Vira al sur.

Yo sigo.

Con alas, impalpable, me miro las manos que tiemblan de luz. Quiero tocarme y me quemo el corazón porque ya no tengo tacto. Antes llama, ahora soy luz. Luz y sonido. Sonido reflejado en el eco de un horizonte que se desdibuja lejos.
Los aerolitos se dispersan gritando – Vira al sur.

Las estrellas se separan. Todas menos la que me observa, se vuelven pequeñísimas y desaparecen gritando –Vira al sur. Yo sigo. Pasa una luz errante. Tiene flecos de polvo luminoso que le forma una cabellera inmensa. Es una sirena del espacio. Canta dulcemente– Vira al sur.

Yo sigo.

Pasa una luz errante. Tiene flecos de polvo luminoso que le forma una cabellera inmensa. Es una sirena del espacio. Canta dulcemente– Vira al sur.

Las brújulas de mis ojos siguen marcando el norte. Mi norte es la estrella de ojo ciclópeo. Parece un tuerto búho gigante que espera silencioso y magnético.

Entro en una cortina de niebla. Cada átomo de la niebla es una rueda microscópica. Las ruedan crecen, se agigantan y se separan gritando despavoridas– Vira al sur.

Sin poder desprenderme de la gravedad de la estrella búho-ojo terrible, yo sigo raudamente.

Choco con el halo fulgurante que la circunda. El ojo se hace gigantesco, descomunal. Dentro de él, una rueda impresionante tritura sonidos musicales y los transforma en hermética oscuridad.
Y gira, gira, gira como espiral vertiginosa hacia su propio centro: el eje pavoroso.

Grito.

Su mirada serpiente me confunde.

Sin poder detenerme, entro.

Abismal, el cósmico agujero negro traga mi forma que se desintegra.

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