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Mi paraíso, tu guerra – Cuento científico

 

Sindy Citlali Sánnchez Ponce. México

sinderh@hotmail.com

Diego Israel Arreola González. México diego_arreola2000@hotmail.com

 

 

MI paraíso, tu guerra

Cuento ganador del “1er Concurso de Cuento Científico Porque escribir tiene ciencia” organizado por SOLACYT en marzo de 2017.

 

Desperté. Todo estaba borroso… ¿En dónde estoy? Miré hacia arriba, en ese momento mi visión se aclaró. Había cientos de ellas por todas partes, unas pasaban sobre mí, amarillas, verdes, moradas… ninguna igual a otra. Un grupo de ellas, muy similares a mí, se acercó a verme; susurraban la razón de mi llegada. Toqué la superficie sobre la que me encontraba. Era lisa, blanda, roja y porosa. Sentí que entre cualquier pequeño agujero podía caer,pero no, antes de siquiera intentarlo, una de ellas me tocó.

— ¿Estás bien? —preguntó. Me ayudaron a levantarme.

Un sujeto pálido, de tono blanquecino, llegó; era grande y deforme, dos de los tantos defectos que hacían que mi desconfianza aumentara. Detrás de él aparecieron muchos más. Hubo un silencio, luego uno gritó.

— ¡Son dañinas, a ellas! —exclamó un pálido.

La persecución comenzó. Los pálidos nos atacaban, una a una desaparecían. Aquellas que se encontraban susurrando sobre mí ahora luchaban por no ser devoradas. Corrimos tratando de escapar de la trágica escena. Creyendo que nos habíamos salvado, nos detuvimos; pero la verdad era que a lo lejos volvimos a ver a los monstruos pálidos viniendo hacia nosotros, esta vez más veloces, arrasando con todas y cada una de las amarillas, verdes y moradas que existían.

Teníamos que luchar, nos preparamos. Una a una empezamos a tener el mismo sentimiento, la misma voluntad, teníamos que acabar con ellos para lograr sobrevivir. Fuimos directo a atacarlos, sin saber aún que éramos más poderosas que ellos. Nos golpeaban e intentaban comernos, pero nuestras fuerzas aumentaban mientras las suyas disminuían.

Algo extraño sucedió.

De repente todas nos unimos, nos acercamos una a la otra para liberar un líquido de nuestros cuerpos que sólo a los pálidos afectaba. El extraño líquido los quemaba, aun así, intentaban dar lucha, pero no servía de nada, al final morían. El silencio volvió a hacerse presente; quienes sobrevivieron gracias a nuestra batalla, nos veían asombrados, habíamos ganado, los habíamos derrotado. Comenzaron los gritos de alegría. Se acercaron, rieron y nos agradecieron.

— ¿Cómo lo hicieron? —Nos preguntaban — ¡Nadie había vencido a los pálidos!

La respuesta no la sabíamos, así éramos, diferentes y poderosas. Entonces al fin nos sentimos felices, habíamos salvado a todos en ese lugar. Finalmente pertenecíamos ahí.

Hicimos pasar el tiempo vagando por ese extraño paraíso. Conocimos infinidad de nuevos espacios, eran hermosos y nosotras imponentes, nadie nos molestaba, si algún pálido atacaba, nos defendíamos de nuevo.

De pronto algo me llamó la atención, un nuevo sentimiento se hizo presente, incitándome a devorar el lugar. Fui atraída cada vez más y antes de darme cuenta ya había comenzado a hacerlo. Era una sensación nueva para mí, pero al parecer no era la única con este sentimiento, todas las que estábamos ahí lo hacíamos…

 

Luego algo más pasó, un ente extraño se presentó frente a nosotras, hasta no saber lo que era, significaba un riesgo. Intentamos atacarlo como lo habíamos hecho con los pálidos, pero nada lo dañaba. No mostraba algún signo de debilidad, era blancuzco, como una especie de nube que avanzaba entre nosotros. Al principio nada pasaba, pensamos que era otra de las rarezas del lugar. Hasta que una de las similares a mí, una anciana, cayó inerte, atónitas la vimos, estaba sin vida. Después siguió otra y luego otra más. No sabíamos qué pasaba hasta que nos dimos cuenta… esa nube las estaba destruyendo, sólo mataba a las ancianas, aquellas que habían susurrado sobre mi llegada y que lograron salvarse de los pálidos gracias a nosotras, esta vez ya no lo lograron. Sólo quedamos nosotras las fuertes, otra vez resistiendo el ataque, realmente éramos diferentes a cualquier otro ser en aquel lugar.

Continuamos alimentándonos de lo que nos rodeaba, incrementando nuestro grupo casi infinitamente, nacían de nosotras, nuestras pequeñas hijas. Éramos felices, algo que no duró tanto.

Veíamos que por los ductos pasaban los rojos, así los llamamos nosotras. Avanzaban a toda prisa, como siempre, eran tan rápidos, a nadie molestaban, con nadie hablaban, sólo se dedicaban a completar su labor. En eso el flujo se detuvo un poco, el tráfico no avanzaba como de costumbre. Sobre nosotras el techo se abrió, la luz nos cegó, nadie lograba ver bien lo que pasaba. De repente, un tubo largo, plateado y brillante, apareció. ¡Era tan hermoso! todas pasmadas lo contemplamos por un momento, hasta que los que estaban cerca de él comenzaron a ser succionados, rojos, amarillas, no había distinción. Rápidamente fuimos absorbidas también.

Todo estaba oscuro, no podíamos poner resistencia. Repentinamente nos detuvimos, nos encontrábamos en un espacio pequeño, todas entramos en pánico, no sabíamos qué era lo que nos esperaba, ni por qué estaba pasando todo esto.

Frente a nosotras había un mundo nuevo, más iluminado y amplio, cada cosa estaba alejada de lo siguiente por enormes distancias e incluso me era difícil ver a lo lejos. Había enormes criaturas mucho más grandes de lo que pueda uno imaginar. Una de ellas lucía diferente a las otras, estaba inmóvil y al parecer de ella habíamos emergido. En ese momento todo era extraño, me encontraba más confundida incluso que cuando nací.

Nos trasladaron a diferentes recipientes, en cada uno los gigantes nos examinaron y separaron de los demás. Nos colocaron en un lugar amplio, ahí ya había algunas como nosotras. Una de ellas, la más anciana se acercó:

— ¡Bienvenidas bacterias!

— ¿Bacterias? ¿A quién le habla? — respondí

— A ustedes, eso es lo que son: bacterias, así es como los gigantes decidieron llamarnos.

—Pero ¿Por qué estamos aquí? ¿Ellos nos trajeron?

— Sí y lo hicieron porque… ¿Puedes ver a ese allá? ¿El diferente? Está muriendo y nosotras somos la causa. Nos separaron de él para estudiarnos y no dañarlo más, al parecer somos distintas a las de nuestra clase, no podemos ser destruidas fácilmente, resistimos a los pálidos y al antibiótico.

— ¡Espera! ¿Los pálidos, antibiótico? ¿Nos estás diciendo que nosotras lo dañamos? ¿Pero cómo?

— Ustedes estaban dentro de su cuerpo, cuando comían se alimentaban de él, lo estaban matando. Los pálidos sólo lo cuidaban y el antibiótico es un líquido, una especie de peste que debía matarlas, pero no lo logró, ustedes resistieron… ellos lo llaman mutación…

No quise seguir escuchando, inmóvil me perdí en mis pensamientos, siempre creí que era poderosa, que nosotras ayudábamos a los demás a sobrevivir, no a matar. Nada parecía tener sentido.

Al notar mi desconcierto, la bacteria anciana me dijo:

— No lo tomes tan a pecho, ustedes sólo trataban de sobrevivir, al igual que ellos ahora. Además, los gigantes suelen ser un poco impacientes, una vez que desarrollen un nuevo antibiótico, lo consumirán sin medida y no pasará mucho tiempo para que nuestras nuevas generaciones sean inmunes a él, pero nosotras ya no seremos testigos…

Era cierto, pensé, habíamos ganado nuestra batalla anteriormente, pero ahora los gigantes buscaban una solución para su problema, nosotras.

Quedé atónita, pero finalmente tranquila, no fue mi intención, aunque tal vez sí mi culpa… pero ¡qué puedo decir! Sólo quiero vivir, ¡solo soy una bacteria!…

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