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Historias de Chascomús – Eusebia la planchadora

 

 

Oscar Carrigal

Historiador del alambrado y Titular del Museo Privado del alambrado –

Chascomús – Buenos Aires- Argentina      –      elalambradoenlahistoria@hotmail.com

 

Historias de Chascomús

Eusebia la planchadora

En 1883 en este Chascomús declarado ciudad, diez años antes con su ferrocarril y su reciente creada Sociedad Rural, Carlos Carrigall y Análisis comparativo de ADN Mac Carter compran un hermoso ranchito cuya ubicación se encuentra en el trazado primitivo del pueblo 9 de cuarenta manzanas más precisamente en las calles Mitre y Mendoza, hoy chalet del Dr. Mangui, la escrituran a nombre de su hija Eusebia nacida en 1865. Cuando fallece Carlos Carrigall en 1885, Eusebia de la mano de su madre que era una excelente planchadora, también aprende este oficio y lo hacen para la gente pudiente de la comarca, rápidamente la clientela era abundante.

Me contaba mi tía abuela Juana Carrigall, que era una maravilla ver a Eusebia arreglar con increíble maestría esas camisas almidonadas, los sacos, los pantalones; esto lo hacían con esas viejas planchas de hierro calentadas en el brasero o la cocina a leña.

Para tener una idea de la construcción de esa época, los tirantes del techa o sea las cabreadas estaban atadas con tientos de cuero vacuno, la manera más primitiva de construir los ranchos. Los techos eran de junco, que a la vez hacían de cielo raso y sobre éste se ubicaban las chapas. Como muchos saben los primeros ranchos no tenían chapas, pues esto no existía, por lo tanto de tres a cinco años tenían que cambiarle el techo o sea el junco, como se hace actualmente para los quinchos, por eso a estos se los llamaba quinchaos, como lo dice claramente en su verso Don Omar Moreno Palacios Cencillito y de alpargatas. Seguramente que por aquellos tiempos pasaba desapercibida su construcción, sino que era bastante común amén de que por aquellos años también existían casas importantes aunque menos que en la actualidad.

Retomando mi historia el ranchito de esta familia se ubicaba en el trazado primitivo de cuarenta manzanas, semi poblado, con grandes baldíos y calles de barro con pantanos en varias de ellas, de la Av. Hipólito Yrigoyen y Av. Lamadrid, hoy Pte. Perón. Hacia las afueras del lugar era casi todo campo con alguna que otra chacra, como la que se encontraba en la esquina de las calles Garay y Saavedra, que era la chacra de Prudencia Rosas, hermano de Juan Manuel y caudillo de este en Chascomús.

Eusebia era una mujer rubia de ojos azules como todos sus hermanos y de estatura baja, de una bondad inconmesurable, muy apreciada por todos, hablaba y escribía en perfecto inglés, en estas épocas era muy común el idioma inglés, al menos entre los inmigrantes, pues se criaban hablándolo con sus padres.

Hablando en perfecto idioma era planchadora de la gente pudiente del pueblo.

El abuelo de mi esposa, Mateo Betanzo ( 1884 – 1963), cuando iba a ser su compra a Chascomús, en su breque tirado a caballos, paraba siempre en el ranchito de Eusebia, la que a veces solía estar en la puerta con esas planchas de hierro con ventanillas que en su interior se   tendían a apagarse salía a la puerta de calle para aventarlas y de esta manera revivir las brasas. Aventar era hamacar la plancha rápidamente, ya que así el viento circula rápido por los agujeros de la plancha reviviendo las brasas.

Cuando fue demolido el ranchito por un señor de apellido Maqui,  llevó al Museo Pampeano, los tirantes atados con tientos vacunos como obsequio histórico de esta comarca. Por eso donde hoy hay un chalet con calles asfaltadas, en otros tiempos fue un simple ranchito con calles de tierra que comprara mi tatarabuelo y legara a su hija Eusebia la planchadora como la conocían en el `pueblo y que habitara hasta su últimos  días en 1952.

Dejó este mundo como vivió siempre, por eso esta es mi humilde homenaje a vos, que dejaste un mensaje a tus descendientes de trabajo y sencillez, que yo pude recoger del testimonio de mi tía abuela Juana Carrigall; ojalá pueda inculcarle lo mismo a mis hijos. Fuiste conocida por tu nombre y por tu oficio así se llegaba a tu casa preguntando por Eusebia “la planchadora”, no tengo dudas de que descansas en paz.

Oscar Alfredo Carrigal. De su libro Tratando de llegar. Historias breves.

Capítulo 2. Argentina, Buenos Aires, Chascomús, 2005.

 

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