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Cuando el presente camina sus recuerdos

Prof Jorge E. Hadandoniou. Docente, poeta y ensayista. Villa Mercedes, San Luis, Argentina. e-mail: ejeho2012@hotmail.com

 

 

Esta tarde de domingo, casi diría que con sigilo, pero montado en la velocidad actual de un automóvil bastante moderno, ensayé un recorrido semejante al que emprendíamos con mi madre, a pie, hace sesenta años.

Ya he saboreado el camino de mi padre desde la Curtiembre hasta casa, siempre cómodo, sintiendo el peso de sus piernas ágiles para cubrir esas cien cuadras cuatro veces al día. Calles asfaltadas, con luminarias plenas que esconden los yuyales desolados y el ladrido de perros peligrosos si la oscuridad vence al horario vespertino o el intento de ganarse un peso más, arrastrando la carretilla de verduras que lo llevó una tarde hasta su tumba.

Este trayecto es diferente. Lo hice con mirada de niño y piernas flacas pero saltarinas, por la expectativa de ver a Titán, nuestro perro que esperaba con sus fauces amables la comida que llevábamos.

Llegar era una aventura porque cruzábamos baldíos hoy cubiertos de casas y negocios. Desaparecieron como por arte de magia. Sin embargo esa magia se llevó los espacios de libertad y trajo los sueños multiplicados de quienes no tenían un techo.

La esquina de ayer se dibuja con un aserradero de media manzana, con sus olorosas maderas apiladas y una humilde casita allá lejos, a unos cincuenta metros de la entrada. El semáforo detiene y autoriza. La gente termina de limpiar sus casas y otras están silenciosas porque es tiempo de vacaciones. Los negocios, cerrados; el silencio, el mismo por estas horas. Ya vendrán las motos atronadoras que no tenían espacio alguno en el recuerdo.

No me recibe el ladrido de Titán ni la chapa con que se protegía el ingreso  hacia el patio cubierto de verduras con el gallinero al fondo. Éramos muy provincianos y tal vez pobres. En el salto intermitente se manifestaba la felicidad. No se comprendía el mundo, se disfrutaba de la aldea.

¡Qué bueno es descansar en el progreso! ¡Qué saludable era aquel trayecto de inocencia e inconciencia!

Cada pueblo se cree único en el ancho mundo y ajeno. Cada ser que aún camina la misma tierra de hace sesenta años siente el calor del asfalto. No podrá negar el avance ni distraerse en el olvido, porque la luna no puede ser más grande que aquella despojada de telescopios que era la única luminaria del extendido baldío de aire libre y grillos despiertos al calor de la noche.

Cuando regresaba, aspirar el perfume de los zapallos en flor que crecieron durante la semana era una bendición de gratitud infinita. Hoy me esperan computadoras y conexiones: que sirvan por unos minutos para recrear aquellas zapatillas gastadas y el agradable apretón de manos con que mi madre me devolvía al camino, si salía a buscar una pelota perdida en el Barrio contra Barrio.

Jorge Enrique Hadandoniou Oviedo

Especial para Diafanis

Villa Mercedes, San Luis, Argentina, 4 de marzo de 2018

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