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Un sueño radioactivo – cuento científico

Francisco Álvarez – In Memorian *

Cuento ganador de la Medalla de Plata en Infomatrix – México

Imagen: Matías Romo, México

“¿Alguna vez has deseado con conocer las estrellas y los planetas? ¿Has querido viajar por el espacio sobre un cometa? ¿Conocer algún extra-terrestre? Yo sueño con todo eso, todo el tiempo. Sería realmente mágico e intenso. Me llamo Lalito y. gracias a los libros de mi papá, me gusta mucho imaginar cómo sería conocer el espacio, visitar otros mundos o viajar por un agujero negro.Pero hoy no será porque hoy es el día de visita al médico. Desde que tengo memoria vamos casi todos los días con él. Mi mamá dice que mi cuerpo es muy débil y necesita chequeos constantes. El doctor Alarcón dice que una guerra intergaláctica se libra dentro de mí y las células buenas necesitan refuerzos para ganar.
Lo único diferente de todos los días es el cosquilleo arriba de mi estómago que me hace vibrar. Estoy seguro que no es comida porque desayuné los waffles riquísimos que prepara papá, con jugo de las naranjas que corta de uno de sus árboles por la mañana. Es un cosquilleo suave y ligero, que me hace mantener una sonrisa en el rostro, y crece cuando recuerdo la película que vi con mi hermana María anoche, y que trataba de personas a las que les surgían súper
poderes por la explosión de un reactor nuclear. Unos corrían rapidísimo, otros resolvían operaciones más rápido que una calculadora, algunos podían crear fuego con sus manos. Se convirtió en mi película favorita del año, un clásico. Estando en el cuarto del hospital, el doctor Alarcón de vez en cuando voltea sonriente. Él y mis padres hablan de cosas que no entiendo. La enfermera me acuesta sobre la cama y me inyecta en el brazo derecho. A estas alturas, las
inyecciones son tan comunes como el ver salir el sol por mi ventana.
El ruido de las máquinas hace que mis parpados sean cada vez más pesados y aún con el recuerdo de la película de ayer me dejo llevar por el ritmo de la habitación.
Despierto en mi cama, en mi habitación. Veo todos los cohetes y estrellas sobre las paredes azules de mi cuarto hasta que el cosquilleo arriba de mi estómago me regresa a la realidad. Salgo directo a la sala donde se escucha la televisión. Dicen que mi estrella favorita Naos ha generado un púlsar por resultado de su muerte y a causa de esto todas las personas tienen súper poderes.
Al llegar a la cocina veo a mi mamá muy alegre y con súper velocidad, ya que logra acelerar la energía cinética de las partículas que la componen, además de que la fricción del aire y la fuerza de gravedad son impedimentos nulos en ella, por lo que es puntual y puede terminar tan rápido su trabajo que regresa a casa temprano para jugar con María y conmigo.
Papá está en el jardín con su peculiar sombrero de palma, manipulando las moléculas de dióxido de carbono y optimizando el proceso de fotosíntesis de las plantas para incrementar su crecimiento y hacer florecer todo a su alrededor.
Hizo retoñar todos los árboles con brotes y capullos a punto de explotar en bellas flores.
Detrás de mí aparece María sacándome un susto con sus ojos parecidos a los del gato blanco de la vecina, grandes y verdes que brillan con el reflejo de la luz.
—Puedo ver en la obscuridad —me dice —. A causa del tapete coroideo, que es un tejido que actúa como espejo reflejando la luz, de esa manera conseguí vencer mi miedo a los monstruos y recuperar tu cohete del sótano.
Me entrega el juguete que creí perdido y lo inspecciono descubriendo que aún funciona. Le doy impulso lanzándolo muy alto y muy fuerte. El cohete avanza tan rápido que tengo que correr detrás de él y éste termina saliendo por una ventana que da al frente de la casa. Cuando estoy afuera encuentro al abuelo. Es súper fuerte, ¡consigue cargar a un automóvil con un sólo dedo! Es porque realiza potentes conexiones entre sus células, fortalece sus huesos y tensa todos los
músculos y tendones para minimizar drásticamente la fuerza de gravedad que se ejerce sobre cualquier masa en el espacio, todo eso sin arrugar el chaleco café, tan viejo como el abuelo, pero que él tanto quiere.
—Pero, ¿acaso todos tienen súper poderes excepto yo? ¿Por qué? —Reflexiono.
Doy unos saltos como Superman pero no consigo volar, ni elevarme un poco. “Deseo conocer las constelaciones y ahora que puedo, no se da la oportunidad, creo que tengo mucha mala suerte”, pienso con mucha tristeza que inicia inundando mi cuerpo.
Sentándome al borde de las lágrimas, pienso en mi mala suerte e intento conocer porque no hizo efecto en mí la radiación.
—A menos que… —empiezo a indagar al mismo tiempo que corro en dirección al hospital.
“Tal vez el doctor Alarcón sepa el por qué y me ayude con su nueva habilidad”, le digo a mis adentros.
Cuando llego me sorprende ver al médico curando con la mente. En cuestión de minutos ha vaciado el hospital entero con su nueva capacidad. Se sorprende cuando me ve.
—Hola Lalito —me dice—. ¿Qué te trae por aquí?
—Doctor —comienzo temeroso —. ¿Conoce la razón por la que la radiación no me afectó?
—Pero si a todos nos causó algún cambio, Lalito —me toma del hombro inclinándose — ¡En la guerra galáctica dentro de ti las células buenas han ganado!
— ¿Entonces no puedo volar? —pienso en voz alta mirando mis manos.
—Antes de averiguar eso, creo querrás despedirte —me dice mirando arriba de mi hombro.
Volteo y me encuentro con mis padres, mi abuelo y María en la habitación del hospital. Todos están abrazados, llorando. Me observo en la cama, como si durmiera, pero hay algo distinto: ya no tengo algún cable saliendo de mis brazos o de mi nariz. Sólo estoy ahí, soñando esta realidad confusa.
— ¿Qué pasa? ¿Por qué lloran? —Pregunto al médico sin mirarlo directamente.
—Lalito, ya no despertarás. Es tiempo de que abras tus alas y conozcas el espacio que tanto deseaste, hace una pausa antes de terminar; ¡Es tiempo de volar!
Y en ese momento comienzo a flotar inexplicablemente. Mi cuerpo se despega del suelo frío del hospital, del color blanco que tanto lo caracteriza. Cuando me vuelvo a mi familia, lo comprendo todo.
Me despido de mi familia con una sonrisa triste y agito la mano para el doctor Alarcón. En seguida fijo mi mirada a mi objetivo, a mi sueño, a mi anhelo más grande. A las estrellas donde siempre hubo una parte de mi perdida entre las nebulosas, escondida dentro del polvo cósmico y muy radiante, llena de vida…
Despierto agitado y sudando, pero después de analizar que sólo fue un sueño una tranquilidad inunda mi interior estabilizándome. Mi respiración se normaliza y miro la hora. 5:35 AM. Casi es tiempo de irme al trabajo.
Me alisto y me dirijo al hospital. La enfermera de turno me entrega las consultas del día y sonrío al ver el nombre de Eduardo con Linfoma no-Hodgkin a las 10.
“Doctor Eduardo Alarcón. Quimioterapia”, resuena por los altavoces y me encamino a paso rápido.

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* Reseña Francisco Álvarez Quezada

Francisco Álvarez Quezada nació el 6 de mayo del 2000 en Tonalá Jalisco. Desde pequeño estuvo interesado en aprender, era un chico muy listo, inteligente y amigable. Estudiaba en la preparatoria nde Tonalá en el quinto semestre, era un estudiante sobresaliente y además parte del grupo de alto rendimiento de química y proyectos de ciencia liderado por la maestra Sandra Jara Castro en la
Preparatoria 19. Desde el 2016, en el 2do semestre decidió participar en VI Edición del Concurso Código Ciencia, Fase Regional Expociencias Occidente donde obtuvo Medalla de Bronce con el
proyecto “Hilo de Agave” y en el siguiente semestre participó en la Feria Nacional de ciencias Exactas e ingenierías 2016 con el proyecto “Madera de Agave”. Con el mismo proyecto también participó desde el año pasado en el programa de mentoría capítulo Occidente creado por la Asociación Mexicana de Exbecarios (AMEB) del gobierno estadounidense respaldado por el consulado
americano cede Guadalajara.
El proyecto consistía en la reutilización de Polietileno de Alta Densidad y residuos de bagazo de la producción de tequila para la creación de un aglomerado con propiedades adecuadas para su
aplicación en diferente mobiliario, Francisco se encontraba en la etapa de la aplicación del material.
Para este año ya había ganado la acreditación para participar a nivel nacional en la V Copa de Ciencias a celebrarse en Noviembre 2017 en Puebla y a nivel estatal en FENACI 2017 en Guadalajara
y estaba estudiando inglés preparándose para aplicar al National Youth Science Camp, el mejor verano de ciencias de Estados Unidos de América celebrado en West Virginia cada año.
Era un chico muy creativo y soñador, pues además de la ciencia y la ingeniería sentía una gran pasión por las letras. Este año participó en el marco del Primer Festival de las Ciencias y la Tecnología 2017
organizado por la Normal Superior de Jalisco y CUCEI obteniendo el primer lugar en la categoría de cuento científico con “Un sueño radiactivo” y en INFOMATRIX LATINOAMERICA 2017 con el mismo
cuento, obteniendo Medalla de Plata en conjunto con su compañero de trabajo Matías.
Entre alguno de sus pasatiempos le gustaba mucho bailar, pertenecía al grupo de salsa del CUCEI y al grupo de baile regional de su preparatoria.
Cualquiera que lo haya conocido seguramente recordará su sonrisa, alegre, coqueta y encantadora.
Sin importar sus problemas siempre tenía una para dar, era optimista, atento y emotivo. Muy energético y de fuertes convicciones. Se sabía especial y te hacía saber que eres especial

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