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Columna Crónica de los Argonautas “Reflexiones sobre el arte y la ciencia”

Dr. Miguel A. Méndez-Rojas (*)

miguela.mendez@udlap.mx

 

Como los dos rostros de Janus, mirando con los mismos ojos en direcciones contrarias, la ciencia y el arte se contemplan ocasio -nalmente, finalmente reconociéndose una a la otra. Mirando lo mismo pero no lo mismo.

Una mirada se manifiesta embelesada en la belleza, en la estética, en la abstracción que puede llevar a la simplificación de lo complejo o a la complejación de lo simple. Mientras que la otra mirada penetra con profundidad en los detalles de las cosas, desintegra las partes del todo, transforma los pedazos en una historia con sentido, conecta los puntos. Integra. Construye conclusiones.

¿Cuál de estas miradas corresponde a la de la ciencia? ¿Cuál a la del arte? Es confuso decirlo. No hay una clasificación del método creativo que distinga a una de la otra. El científico se enfrenta al problema de la falta de ideas, casi de la misma manera que un escritor a la hoja en blanco o un escultor a un bloque de mármol o un pintor a un lienzo vacío. Desesperación, frustración, sensaciones de vacío interior. Se desmarañan en una búsqueda de inspiración. Golpean su frente contra el muro, contra el escritorio. Se ahogan en humo de cigarro, en licor o en lecturas académicas y discusiones con otros colegas, buscando “la verdad”, “la idea”, “la inspiración”. Cada uno es dominado por un vicio distinto, cíclico, devorador, que lo deja a merced de un hambre insaciable, de una necesidad de satisfacer la curiosidad, de rascar la roncha de la inquietud de no saber cómo expresar lo que tiene adentro, de ir más allá de los límites convencionales. De agotar el Universo conocido.

Algunos sucumben en el intento. La vida les muestra una falsa salida ante la frustración de no poder enfrentar la oscuridad frente a sus ojos. Se apagan como una luz estelar que se desvanece en silencio. Pero luego están los otros, los que en su búsqueda iluminan con luz propia la penumbra que los rodea: explotan como millones de soles juntos y consiguen la transformación, la catarsis casi mística. Crean el “David” de Miguel Angel, o la magistral Opus 1812 de Pyotr Tchaikovsky y nos subliman con la experiencia de ver y escuchar. Nos dejan un manuscrito recién terminado de “El Ingenioso Hidalgo, Don Quijote de la Mancha” o nos transportan a emociones desconocidas con “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”. También ahí encontramos la interpretación única del todo y el tiempo desde la poderosa mente de Stephen Hawking, o la imagen inimaginable de un mundo relativista y exótico que obedece a los postulados de la mecánica cuántica de Bohr, Planck, Einstein, Heisenberb, Pauli, Dirac y muchas otras mentes inspiradoras que pintaron con matemáticas su visión del comportamiento del Universo. Poesía pura.

Y si buscamos estética, aquí tenemos a la doble hélice que Rosalind Franklin, James Watson y Francis Crick propusieron para la más íntima de nuestras biomoléculas: nuestro ácido desoxirribonucleico (ADN), en donde muchos piensan reside nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. Ese ADN es solo una metáfora del “El Aleph” borgiano.

Científicos y artistas trabajamos de maneras similares, casi complementarias. A veces nos llegamos a inspirar unos a otros. Las diez visiones contenidas en este libro, “Arte y Ciencia. Ciencia y Arte. Reflexiones infinitas”, co-editado por la Editorial UDLAP y el Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Puebla (CONCYTEP), han sido escritas por individuos que han transitado entre ambas sendas o las cohabitan. Todas son únicas y especiales. Leer a un premio Nobel discutir sobre el proceso creativo artístico y científico y luego compararlo con la visión personal de un descendiente del gran poeta español Federico García Lorca, quien encontró en las moléculas una nueva forma de poesía, ilumina el corazón. Contrastar las visiones de una reconocida periodista y académica, premiada con el Science Writing Award del American Institute of Physics, con aquellas de un destacado escritor mexicano, miembro de la generación del Crack, quien explotó la pasión humana del desarrollo de la mecánica cuántica en su obra “En busca de Klinsgor”, puede resultar apasionante. Al igual que son apasionantes todos los ensayos aquí contenidos, expresiones de un mundo dual pero con muchas coincidencias. Caminos que se entrecruzan entre arte y ciencia, ciencia y arte. Visiones y reflexiones infinitas.

Espero lo disfruten.

* El Dr. Miguel Angel Méndez Rojas es profesor e investigador del Departamento de Ciencias Químico-Biológicas de la Universidad de las Américas Puebla. Apasionado por la docencia y la comprensión pública de la ciencia, recibió el Premio Estatal de Ciencia y Tecnología 2014 del Gobierno del Estado de Puebla por su labor de Divulgación de la Ciencia y la Tecnología. Autor del libro de divulgación científica “Ciencia sin complicaciones” (Editorial UDLAP-EDAF, 2015). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel II.

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